La factura real del agua
Publicado el 21/03/2021 a las 09:27
Solemos ver en los medios de comunicación, las reseñas de las obras que van a acometer las distintas entidades de Servicios Públicos para la renovación/rehabilitación de las redes de abastecimiento de agua y de saneamiento. Me parece muy bien que se dé este tipo de información, pues a nivel de calle no se da importancia a lo que representa el invertir en esas redes e infraestructuras, hasta que falla la salida de agua por los grifos de cada uno, o se tiene un atasco que genera problemas para permitir la normal evacuación de nuestras inmundicias.
Para mantener unas redes e infraestructuras útiles, de modo continuado y con costes mínimos de mantenimiento, se necesitan inversiones adecuadas. El montante de inversión que se realiza anualmente en una entidad de este tipo -que engloba la captación, tratamiento/producción, y suministro del abastecimiento, así como la evacuación y depuración del saneamiento- es muy insuficiente.
Para invertir más, tendiendo hacia lo que debiera ser racional para el objetivo indicado, por la parte de la entidad hay que ir hacia la autogestión del servicio. Es decir, que lo recaudado por un servicio concreto se invierta exclusivamente en él. Por supuesto, detrayendo los costes relativos a todo lo relacionado con ese servicio, como la mano de obra de todo tipo, materiales, maquinarias, costes de tratamientos/producción y depuración, incluyendo los servicios de proyectos y direcciones de obra dedicados a ese ámbito, y cuanto servicio auxiliar se dedique a ese fin. Y debe adecuar sus tarifas a la realidad de lo necesario para posibilitar la inversión suficiente.
El cliente debe entender qué es lo que paga realmente por el servicio que disfruta. Cuando al cliente le llega la factura, habla de “la factura del agua” sin darse cuenta de que, al ir incluido en la misma, la mitad puede corresponder a Residuos, que es totalmente ajeno al agua en sí. Tiene que coger el coste total de los conceptos del agua -abastecimiento y saneamiento- (sin la parte de residuos) y dividirlo por el volumen total en litros (multipliquen los m3 que le indican en la factura, por mil), aplicando al resultado el impuesto correspondiente. Ahí tiene el coste real de lo que le supone cada litro de agua. Un agua a su disposición, a pie de vivienda, y con presión para permitir los usos habituales -incluya agua caliente y calefacción-, además de su evacuación permitiendo una salubridad total, suya y del entorno. Agua suministrada de calidad garantizada, que permite beberla sin reparo, sin alteraciones de gusto y olor.
Si, además, quiere conocer el valor real diario (se lo recomiendo), divida esa cantidad por los 120 días (1 cuatrimestre) en que se basa su factura. Ahora, compare ese precio que paga con el litro de agua embotellada, que puede usar a diario, que tiene que ir a buscar y llevársela a su casa, y, ¡ojo!, que no tiene presión para poder hacer funcionar nada.
Entenderá entonces, si quiere, que el servicio de agua no está pagado como debiera. Para poder obtener el dinero que se necesita para hacer cumplir el objetivo de una inversión coherente que, de no hacerse -como actualmente- lleva, y seguirá llevando, a costes muy superiores. El servicio que se presta es demasiado barato para invertir adecuadamente, y redunda en muchos mayores costes, que se tienen que pagar por otras vías (impuestos que salen del bolsillo de cada uno de nosotros). Seamos coherentes. Sobre todo, dejemos de usar las tarifas como “línea roja política” para quedar bien. Nos va mucho más dinero en ello. Eso sí. A la vez, la entidad debe dar ejemplo de inversiones adecuadas en esas redes, para ese fin. Si el que paga (que somos todos), ve otras cosas no consecuentes, la desafección está creada.
Javier M. Elizondo Osés. Ingeniero Técnico, experto en al ámbito del agua.