Desconocen la dicha, Iris, que irradias (2)

Ángel Sáez García|

Publicado el 22/01/2021 a las 12:00

(Sigue.) Esto, volver a contemplarte con el mismo amor reverencial que suelo derrochar, cada vez que lo hago en vivo, llena mi depósito del carburante necesario para lograr pasar a ordenador todas las líneas que escribí ayer con la ayuda de un bic azul a mano. Sé que en este mundo hay muchas mujeres admirables. De algunas de las tales, maestras (en uno o diversos artes) o no, otrora me enamoré; verbigracia, de María Antonia, pero, como el amor recíproco no cuajó entre nosotros, creo que hice lo apropiado cuando determiné tomarme esos intentos fallidos, fracasos o naufragios, como experiencia, bagaje o aprendizaje; y, así, tras extraerles a cada uno de ellos su jugo o zumo, la lección pertinente, comprobar, de manera fehaciente, si en la siguiente oportunidad (si la había) servidor conseguía salir airoso del nuevo lance amatorio. En ese susodicho y dichoso trance nos hallamos. Puedes estar segura de este aserto: / Mientras el menda siga enamorado / de ti, continuaré urdiéndote versos. // En medio de un océano o desierto, / como el agricultor, fiel a su arado, / versearé tus ojos sabios, tersos. (El discente le aduce a la docente) Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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