Covid en Otoño
Actualizado el 19/09/2020 a las 12:47
“Covid” en Otoño Va a ser más largo y difícil de lo que habríamos deseado. No quiero abrumarlos con cifras y datos que, en poco ayudan a sostenerse y transitar por estos delicados momentos. Quizás algún elemento de reflexión. Me pregunto qué es lo que niegan los negacionistas , ¿la enfermedad, la muerte, quizás? Recuerdan vds. los silogismos. Aquello de “Todos los hombres son mortales, Sócrates es un hombre, luego Sócrates es mortal” Lo formuló Aristóteles en el siglo IV antes de Cristo. Claro que una cosa es formularlo y otra bien distinta es incorporarlo. Hacerse uno cargo de que vivir y morir no son más que las dos caras de una misma moneda. Es cierto, no sabemos nada de la muerte, más que, siempre, es otro el que se muere. Y esto de algún modo, nos permite fantasear con la inmortalidad y otras lindezas. No queremos saber nada y “elegimos” vivir de espaldas a estas verdades. Hacernos los locos, los estúpidos, por si así de ese modo, pasa de largo y se olvida de nosotros. Va a ser, que no! Los seres sexuados pagamos nuestra reproducción con nuestro fin individual. No como la ameba que no requiere para reproducirse pagar con el precio de su vida. Los humanos somos sexuados y mortales. Y sufrimos, vaya si sufrimos de esta doble condición. El coronavirus no nos has traído ninguna de estas realidades; nos acompañan a lo largo de nuestra historia. Si cabe, nos ha confrontado, radicalmente, con el hecho de que puede ocurrirnos de un modo que no esperábamos y más masivamente de lo que querríamos. La ciencia no nos va a salvar de pagar este tributo. Le debemos una vida a la naturaleza y se la va a cobrar. La cuestión es, siendo esto así, le vamos añadir dramatismo y horror. Nos vamos a rasgar las vestiduras por lo injusta que es la vida y lo mal que nos trata o vamos a intentar vivir lo que dure de un modo más o menos digno, con un cierto estoicismo, lúcidos frente a una realidad que vamos a transitar queramos o no y frente a la que tan solo nos queda buscar el modo menos indecoroso y deshonesto de vivirla. Echar la culpa al Otro, a la malvada Humanidad o al otro pequeño, al semejante, por ejemplo, no es más que un juego de artificio, un malabar estulto para seguirnos engañando y vernos como ese “alma bella hegeliana” ajena a los males que la atormentan y que siempre encuentra fuera de sí, las razones de su desdicha y su lamento. Los tiempos son difíciles, sí. Los que tienen responsabilidades políticas tienen que esmerarse hasta la extenuación, sí. En general, las vamos a pasar canutas, sí. Y aún así, ánimo a los que hacen un ejercicio para sobrellevar todas estas cargas de un modo singular, responsable y sin descargar en el de al lado lo que no le corresponde. Y si no puede más… lo último de Woody Allen o de Satie o Freud o Goya… Hay tanto por leer, descubrir, escuchar… Otra opción es que le escuchen a uno, ahí donde ha de ser escuchado; en sesión.