Pecados originales

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 01/09/2020 a las 08:33

A veces conviene recordar. En concreto, para entender y valorar ciertas actitudes y comportamientos de la izquierda hay que recordar que, desde sus comienzos, el marxismo tuvo absoluta confianza en sí mismo y se creyó capaz de implantar el paraíso en la Tierra, la sociedad perfecta en la que no habría desigualdades de clase ni conflictos y en la que cada cual aportaría a la comunidad según sus capacidades y recibiría según sus necesidades. Sería una versión atea del idílico mundo mesiánico del profeta Isaías (“serán vecinos el lobo y el cordero, el leopardo descansará junto al cabrito… nadie hará daño, nadie hará mal ...”), construido por los nuevos mesías ateos. A partir de ahí decidieron que quien no se identificase con su programa era un obstáculo para el paraíso y debía desaparecer. Por lo mismo, no aceptaron ser un partido más entre otros (el juego democrático), y exigieron ser el partido único e impusieron la dictadura, en teoría del proletariado y en la práctica del partido comunista, supuesto redentor de la clase obrera.

Se creyeron además capaces de crear un hombre nuevo (el feliz habitante del prometido paraíso) moralmente superior a los del pasado, una especie de Adán ateo anterior a la manzana, sin pecado. Los que iban a crear tanta maravilla se consideraban a sí mismos superiores al resto de los humanos. El marxismo se caracterizó por una enorme soberbia intelectual: creía tener la verdadera y única ciencia de la sociedad, de la economía y de la historia, y despreciaba toda otra teoría diferente. En consecuencia decidió que las teorías erróneas no podían tolerarse pues había que imponer a toda costa el paraíso y la Verdad. Podríamos resumir lo anterior diciendo que en la izquierda marxista hubo un doble pecado original de enormes consecuencias: la soberbia autosuficiente, el complejo de superioridad moral e intelectual, y el talante impositivo.


Su fracaso fue espectacular. El prometido paraíso resultó un infierno. Unos (“Podemos”, Bildu) no han aprendido nada de su fracaso. Otros sí y crearon la socialdemocracia. En España hubo un tiempo en el que el entonces socialdemócrata PSOE pareció liberado del doble pecado original. Sin embargo con Zapatero volvió la burra al trigo y las cosas cambiaron para mal, y con Sánchez han empeorado. Como resultado de ese empeoramiento tenemos que el PSOE de hoy y el actual PSN han recuperado el ridículo complejo de superioridad moral e intelectual y el viejo talante impositivo (el caso de quienes no han aprendido nada es aún peor). Así, se dicen “progresistas” como quien se pone a sí mismo una merecidísima medalla. De nuevo creen ser los únicos capaces de construir una sociedad mejor. Como antaño, quienes piensan que van a ser creadores de tanta maravilla se consideran intelectual y moralmente superiores. Tan superiores que se creen con derecho a gobernar aunque pierdan claramente las elecciones, y a hacer cuantas alianzas disparatadas sean necesarias para conseguirlo. Dos ejemplos claros son Sánchez en su moción de censura y el PSN ahora en Navarra. En cuanto al talante impositivo e intolerante, está claro a nivel nacional con la Ley de Memoria Histórica (hay otros ejemplos), y en Navarra con Skolae. Como en los viejos tiempos pretenden tener la Verdad y el derecho a imponerla, negándonos en un caso la libertad de pensamiento y en el otro el derecho a transmitir a los hijos las propias convicciones religiosas y morales. Exigen que nos sometamos a su versión de la historia de España y a sus ideas sobre el sexo, el amor, la familia etc.. Va siendo hora de decir “basta ya” a esos pecados originales y a sus inaceptables consecuencias.

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