Optimismo, esperanza y corazón
Publicado el 11/08/2020 a las 08:17
Es conocida la anécdota de que cuando Vicente Ferrer llegó a Anantapur, una de las zonas más desérticas de la India, en compañía de Anna Ferrer y otro compañero, en una casa vacía y medio derruida encontraron una inscripción en la pared con la inscripción “Espera un milagro”. Hoy, Vicente, su mujer y toda su organización han conseguido hacer realidad ese milagro.
Él creía en la Providencia, esperar en ella y hacer. Era un hombre de acción, otros quizá no actuamos, pero su modelo, sus ideas, pueden ayudar a transitar en estos tiempos de turbulencias, como el mismo Vicente expresaba. Las frases, las enseñanzas de Vicente siguen siendo hoy especialmente valiosas ahora que en todo el mundo, también en India, afrontamos una enfermedad que nos afecta a todos y con más fuerza a quien menos tiene, tanto allí como aquí, como en cualquier parte del mundo.
Sin embargo, en todas sus charlas, sus conferencias, tanto Anna como su hijo Moncho han mantenido el optimismo, incluso ahora que la enfermedad golpea de cerca, por eso, para mí es siempre un referente y un espejo en el que mirar.
Yo, que nací prematuro con muy poco peso, con parálisis cerebral ,para algunos en su momento también fui un milagro. La Fe de mis padres, los cuidados de un excelente equipo médico y el apoyo de mi familia y amigos, empezando por mi gemelo, han hecho que hoy haya conseguido una vida autónoma, independiente. Sirvan estas líneas como agradecido homenaje a todos ellos.
Hasta hace unos meses trabajé en ASPACE como técnico de prevención de riesgos laborales; hace algo menos de un año decidí tomar otro rumbo que en parte se truncó con la aparición de la enfermedad que a todos nos asusta y nos genera tanta incertidumbre. Ahora se abren nuevos caminos y horizontes por explorar y recorrer.
Quiero con esta carta mandar un mensaje de optimismo y esperanza, porque casi todo en la vida se puede superar.
Conozco compañeras y compañeros maravillosos que han afrontado enormes dificultades siempre con una sonrisa y siempre insistiendo en que son capaces de afrontar lo que les venga delante, solo necesitan el apoyo de las instituciones y de la sociedad y tener un altavoz para poder expresar sus demandas, sus temores, sus esperanzas y alegrías. Hacernos visibles como bien señala la profesora Pilar Gomiz. El optimismo, la esperanza, la alegría y el corazón lo ponemos nosotros, tenemos de sobra.
Confío y deseo que no tengamos que volver a la situación de confinamiento de marzo y abril pero, en caso de que así fuera solicito de los gestores políticos y de quienes toman las decisiones que no consideren a los mayores, y a quienes tienen alguna discapacidad, como los últimos de quien preocuparse. La valía no se mide por los recursos que podemos generar, o el coste que los cuidados requieren, sino por lo que podemos enriquecer al otro como ser humano.
Las personas mayores y también las personas con discapacidad (aunque sean niños y niñas que requieren educación especial o bien recursos suficientes en una educación normalizada que puedan favorecer su inclusión, no es incompatible un sistema con otro) podemos aportar mucho de valor y una gestión que favorezca la inclusión de las personas en lugar de apartarlas, hace que seamos mucho más sanos como sociedad.
Francisco Goya Santesteban