Sanfermines 2020, volviendo a la raíz
Publicado el 10/07/2020 a las 08:18
Desde que, en el mes de abril, se anunció la cancelación de las Fiestas de San Fermín se sentía un ambiente de desconsuelo en el pueblo navarro. Tuvimos 3 meses para hacernos a la idea, pero aun así llegó el 6 de julio con profunda nostalgia. Aunque no soy originaria de aquí, he participado de las fiestas pues Pamplona, a quien le tengo mucho cariño, es mi hogar desde hace varios años. En el tiempo que llevo viviendo aquí, he podido apreciar las tradiciones y costumbres tan sólidas de los navarros, tradiciones que fortalecen su identidad y unen a la comunidad. No se encuentra en el mundo un pueblo igual al navarro. Por esa razón, días antes de los “no Sanfermines”, saqué mi ropa blanca y pañuelo rojo porque tenía la certeza de que hacía falta mucho más que un virus para apagar la tradicional celebración. Los navarros son personas muy responsables y se toman la vida en serio, por eso tampoco dudé en que actuarían de manera responsable y que se adaptarían a la realidad de este año, pero vestir de blanco y rojo, eso no les sería arrebatado.
Para mi sorpresa, llegaron tanto la víspera de San Fermín como el 7 de julio, y la ciudad no estaba de blanco y rojo como esperaba. Eran notablemente pocos quienes iban vestidos con el traje festivo y no puedo negar que me extrañó lo que vi y me llevó a reflexionar sobre el origen y el sentido de las tradiciones. Concretamente las fiestas de San Fermín, de origen cristiano, conmemoran a uno de los santos patronos de Navarra, tal es así que una de las partes centrales de las fiestas son las procesiones y veneraciones al santo por toda la ciudad. Además, se fueron sumando otros actos como los encierros, el chupinazo, los bailes y desde luego, la mundialmente conocida juerga de esos días. Incluso he oído a varios navarros decepcionarse de que tan noble fiesta sea conocida más por sus excesos que por su esencia.
En ese sentido, creo que al haber renunciado al blanco y rojo esta vez, se ha mandado, sin quererlo, un mensaje de que efectivamente solo hay fiesta si hay actos festivos y miles de extranjeros. Cuando en realidad, aquí y en China, con y sin virus, llueve, truene o relampagueé, el 7 de julio es una fiesta en sí misma por ser el día de San Fermín, patrono de Navarra y eso es suficiente motivo de festejo. Hecho que, además, no está en conflicto con la responsabilidad, la prudencia, el dolor ni la crisis. Al contrario, vestirse de blanco y rojo es reafirmar que hay algo más fuerte que une a los navarros, algo que recuerda que, a pesar de todo, hay mucho que celebrar y por lo que estar agradecidos, un símbolo de que pase lo que pase, siempre habrá un 7 de julio para reunirse, reírse y celebrar la identidad y cultura navarra que tanto aporta al mundo. Este año ha tocado hacerlo justo en donde nacen las tradiciones: en casa, en familia. En donde más que nunca, hay que estar orgullosos de ser navarros y que el mundo ansíe que se vuelvan a abrir las puertas de la capital navarra para unirse a su fiesta. Ojalá los Sanfermines 2020 sean una oportunidad de volver a la raíz y de celebrar en casa lo que es de casa.
Olivia Serrano, Doctoranda de la Universidad de Navarra