Mi pequeño homenaje
Publicado el 21/06/2020 a las 10:06
Quien dirige el acto pronuncia mi nombre desde el escenario. Los focos revolotean entonces hasta dar conmigo mientras subo las escalerillas laterales. Los espectadores me observan atentamente: unos me conocen y se alegran; otros, que jamás me han visto, siguen mis pasos, indiferentes. Resuena en el gran auditorio un atronador aplauso, uno de esos que no acaban, que celebran, que abrazan a quien los recibe. Yo tan solo escucho los taconazos de mis zapatos, cuidadosamente abrillantados para esta ocasión tan especial. Saludo a quienes me esperan allí arriba. Estrecho una mano, y otra, y otra. Aquel me vio llegar el primer día; y esta, terminar. A esta no la he visto nunca, pero sí he escuchado su nombre alguna vez. Este me ha dado clase; y el que está a su lado, también. El resto de caras me resultan familiares.
¡Foto! Y me doy la vuelta. ¡Otra con el diploma! Pero yo los busco a ellos: a mis padres. ¡Cuarta fila, para que nos veas! Y ahí están. Mamá entró conmigo por primera vez aquí para matricularme y de aquí saldrá conmigo con la orla bajo el brazo. Papá, menos afín a las burocracias funcionariales y al seguimiento académico, siempre me ha apoyado con su sonrisa, con su humor y con sus sueños. Hoy seguro que se cumple uno de ellos. Por culpa del dichoso Covid-19 se canceló mi graduación, pero no hay lamento. Y hoy quiero haceros partícipes de esta gran ilusión, de esta feliz noticia que supone cerrar la etapa universitaria con el éxito de cuatro años muy bien aprovechados. En estos días, miles de jóvenes pasamos, sin jarana, de un mundo a otro; de ser los mayores de la facultad, a ser los pequeños del mundo profesional. ¡Y qué ilusión! Algunos dirán que menudo panorama; otros, que no hay esperanza. ¡Claro que se puede, claro que hay esperanza! ¡Con trabajo y esfuerzo daremos la vuelta al mundo y lo transformaremos, para hacerlo mejor! Así salimos: sin graduación, pero con la sonrisa más grande y esperanzadora que se ha visto jamás. Este es mi pequeño homenaje para quienes tendrán que sustituir el brindis por un clic; el último abrazo, por un mail; y el cruce definitivo del umbral de la facultad, por un último cierre de sesión en el aula virtual. Gracias papá, gracias mamá. Gracias compañeros, gracias profesores. ¡Qué mundo tan loco se abre a nosotros! Bendita locura…
