Pasos hacia delante
Actualizado el 17/06/2020 a las 08:06
Hoy escribo mi primera carta, con el único propósito de felicitar a los dirigentes nacionales por su aparente voluntad de llegar a acuerdos. Todo esto supone un gran mérito, teniendo en cuenta la crispación generada por unos y otros a los dos lados del hemiciclo. Una oposición que como un niño enrabietado se dedica a patalear en sus asientos mientras que el gobierno ningunea todo posible acercamiento. Parece increíble cómo la administración puede llegar a la conclusión de que se ve “obligada a buscar el consenso”. Lo peor de todo, es que esto lo dijo en rueda de prensa la Portavoz del ejecutivo María Jesús Montero, teniendo en cuenta que el cometido principal del gobierno y de los partidos del congreso es efectivamente, encontrar soluciones mediante el consenso. Menos mal que para que los dos partidos más importantes empiecen a hablar solo hemos tenido que estar tres meses asolados por una pandemia estremecedora que ha tambaleado el sistema sanitario y que aterroriza la economía. El español medio no se encuentra simplemente indiferente, sino francamente desilusionado con la vergonzosa situación política actual. Donde se ha visto la torpeza de unos para gobernar, y el ansia de obtener rédito fácil de otros. La población se da cuenta del incompetente sistema que se ha generado en España, donde se apela a pactos de la Moncloa, y al mismo tiempo vuelan los insultos y reproches de una bancada a otra. El acercamiento que se vivió en el Senado, hace vislumbrar una posible “utopía” en la cual los políticos no se preocupan únicamente del bien electoral de su partido, sino además de lo que es mejor para la población. Un encuentro de las dos grandes fuerzas políticas, muy deseado en muchos ámbitos, ayudaría a centrarse en lo realmente importante, y no en unas hipotéticas elecciones anticipadas. Estamos en los primeros momentos de una nueva crisis que puede arrollar España por segunda vez en diez años. Ahora no es momento de aumentar la crispación interna. Estamos en un punto en el cual los partidos históricos deben actuar con sentido de estado, pensar en el largo plazo, dejar atrás fines partidistas, y sacar adelante el país.
