Otro árbol caído en el Día del Medio Ambiente

Juan de los Ángeles Cirauqui|

Publicado el 09/06/2020 a las 08:19

La tarde del jueves 4 de junio paseé, como casi cada día, por La Taconera. El 5 de junio era el Día Mundial del Medio Ambiente y la prensa llevaba extensos suplementos sobre cómo Administraciones y empresas se van a poner las pilas para conservar la naturaleza, los ecosistemas, los bosques y todo lo que se les ocurra. Además, la publicación Science había avisado en mayo de que los bosques “nuevos” son más débiles que los viejos porque los árboles son menos fuertes, menos resistentes y tardan mucho en crecer, por lo que dan menos oxígeno durante años.En este contexto de lo global y lo local (subrayo el adagio anglosajón con el que tanto se les llena la boca a políticos y gurús: think globally, act locally -piense en global, actúe localmente-), pasea uno por su ciudad y se encuentra con algo que ya he denunciado varias veces en tres años: un árbol sano, grande, frondoso, talado. El tocón está en el suelo y está perfecto, el resto del árbol está también en el suelo, con la madera en perfectas condiciones. Tengo fotos porque voy a empezar a documentar minuciosamente cada caso de los casi 50 que he visto en 5 años en este parque. ¿Por qué derribamos un ejemplar magnífico? Probablemente porque en la tormenta del día 3 perdió alguna rama. Pues ya adelanto al Ayuntamiento, al servicio de jardinería, a la concejalía o a quien corresponda, que puede talar todos los árboles de Pamplona de una vez: todos van a perder ramas antes o después en las tormentas. Los árboles hay que mantenerlos, podarlos, revisarlos con esmero, no cargárselos de un plumazo. Esta tala indiscriminada -en la Taconera se han dedicado a plantar cuatro arbustos pequeños y a poner muchos bancos nuevos: a tope con el mobiliario urbano, que parece que es el que da oxígeno y conserva el pulmón de la ciudad- comenzó con furia con Joseba Asiron como alcalde. Ahora sigue y no entiendo por qué: Asiron fue un alcalde que intentó destrozar el pulmón central de La Taconera con un proyecto casposo de cemento, arena y desertificación. Igual que le dio por poner esas telas en los parterres que supuestamente ahorran riego: ¿pero no abogamos por fomentar es el drenaje sostenible para que el agua se infiltre en la tierra? Aparte, ¿alguien ha observado la diferencia de crecimiento de las plantas en un parterre de tierra convencional y en uno cubierto con esa tela? Pero esto es otro capítulo.

La cuestión es que Asiron (voto a un partido verde desde joven y estoy jubilado, soy poco sospechoso de filias y fobias políticas, pero la realidad es la que es, la queramos ver o no, nos queramos anticipar o no) empezó un infame trabajo de tala de árboles que son un tesoro: arrímense en verano a un árbol recién plantado a ver qué sombra, cobijo y oxígeno da, si es que sobrevive (estos nuevos árboles también los voy a documentar: la mayoría no pasan del año de vida). Así las cosas, solo quiero apuntar ya que Covid-19 ha demostrado que estamos sordos, ciegos e indolentes ante un mundo natural que destruimos a conciencia. Empezando por nuestra propia casa. ¿O es que creemos que los árboles solo importan si son los del Amazonas? Dejamos mucho que desear en jardinería en Pamplona: nos estamos cargando sin motivo los mejores árboles, pero ponemos un cartelito a la entrada del parque (ocurrencia de Asiron también), frente a la plaza de Recolestas, diciendo que La Taconera es un parque de 200 años con ejemplares magníficos. Sigan así en el Ayuntamiento y no quedará ninguno, quedará el cartelito, los bancos, el antiguo bar Vienés con la música a tope y los desperdicios de sus clientes sin recoger (las bolsas de las chucherías se llevan la palma) y la implacable obcecación de la estolidez. Eso sí, celebremos públicamente el compromiso con el medio ambiente con grandilocuentes declaraciones institucionales. Y a seguir talando como talibanes.

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