Carta a Francesco Tonucci
Actualizado el 14/04/2020 a las 08:16
Querido Francesco, “Frato” para los que admiramos tus dibujos, tu obra en defensa de los niños, de su educación. Recordé a Malaguzzi estos días de encierro infantil, constatando tristemente que las “tareas escolares”, en lugar de desaparecer, aumentan con el encierro y se les envía “material escolar” on-line . Decidí escribir una nota poniendo un granito de arena en defensa de niñas y niños. La envié a padres y amigos y dio la casualidad que mi nota se cruzó, en este mundo virtual, con tu artículo, tu voz en "El País”. ¿Será casualidad o será que hay un mismo sentir que nos ha hecho vibrar al unísono? Aquí os envío esta nota a todos los que estáis preocupados por estos temas. Por un deber, no solo educativo sino social, trato que se conozca y comprenda el gran error que supone lo que están haciendo o intentando hacer desde Educación a nivel nacional para que estudiantes infantiles de primaria, 6-12 años, hagan tareas on-line que posteriormente serán evaluadas. Las editoriales ya están enviando tareas para que las realicen on-line. De esta forma las calificaciones quedarían en el expediente de los escolares, y concretamente, los que pasan a un nivel superior en Institutos les sirve para poder elegir centro. ¿Han pensado los sesudos educadores las grandes diferencias socio-económicas en las que están estos niños? ¿Quienes podrán realizar ejercicios on-line? ¿Todos, o los de clases sociales más favorecidas? ¿Han pensado que, incluso, si hay un ordenador en casa, un porcentaje de padres lo utilizan para poder seguir trabajando ellos on-line? ¿Han pensado que unos niños de esas edades no toman el aire y el sol, no hablan con sus amigos... no están en condiciones físicas ni emocionales para hacer tareas, y menos sentirse evaluados por ello? ¿Han pensado que los padres lo están pasando muy mal? Giremos el tema, los escolares encerrados “inventarán sus tareas”: chistes, menús preferidos, su propia experiencia personal, hablar sobre ello. Protestar, manifestando su malestar, creando historias imaginarias basadas en sus vivencias, en lo que escuchan, en lo que suponen unas calles vacías sin juegos, sin amigos... O todo lo contrario, evadirse de su problema soñando otro mundo mejor. En todo lo que ellos piensen entrarían sumas y restas, problemas a resolver, diseño de espacios: su parking de bicis, un nuevo patio del colegio, o su casa imaginaria. También inventar y si se puede escribir recetas nuevas de cocina para colaborar en casa, pesar, medir… Importante tomar conciencia de la disciplina necesaria para convivir… pero no en forma de tareas. La infancia deriva de por sí de forma natural hacia estas ideas. Las he venido observando y constatando a lo largo de cuarenta años de investigación. Escuchémoslos. Démosles estímulos. Hagamos un libro con sus inventos
Isabel Cabanellas es Catedrática Emérita por la UPNA.