Ventana a la esperanza
Publicado el 31/03/2020 a las 07:28
“Pero estamos”- me ha dicho-, que a día de hoy es lo verdaderamente importante. Mi abuelo, a sus 90 años, me ha contado por teléfono que ha recuperado la lectura, ha vuelto a leer esas novelas del oeste que todas son iguales- o a mí me lo parecen- escritas por Marcial Lafuente Estafanía. El placer de la lectura pausada, sin prisas. Ha podido disfrutar de largos paseos, del salón a la cocina, del cuarto de baño a la habitación y vuelta a empezar. Ha podido volver a tomar el vermut con la vecina de enfrente por el balcón de uno que da al de la otra. Ha podido volver a cocinar como si se creyera Arguiñano y come como si su casa fuera un restaurante de bufet libre- porque cada día hay sobras del día anterior…- “¿Qué más se puede pedir?”, le he dicho yo siguiéndole el juego.
Y es que es verdad. Nos tomamos estos días de confinamiento con un poco más de filosofía o nos volvemos realmente locos al estar encerrados. Justo lo estaba comentando hace un rato con el microondas y la tostadora mientras me tomaba un café, y los tres estábamos de acuerdo. Con quien ya no me hablo es con la lavadora, que a todo le da vueltas, y aunque sea un poco exagerado los días nos empiezan a pasar factura.