Los juegos de la salud

Leyre Ibáñez Sainz|

Actualizado el 29/03/2020 a las 17:36

"Señoras y señores, que empiecen los quincuajésimos juegos del confinamiento. Y que la suerte esté siempre de vuestra parte". Eso parece; supermercados vacíos, papel higiénico ¿inexistente? (¿por qué este afán de tener tanto papel higiénico? ¿a caso con él se pueden matar a los virus, como si fuera un super poder?), histeria colectiva. Estimados y estimadas compañeros y compañeras, permitidme desvelar un secreto: esto no es un juego. No hace falta llenar la nevera y la despensa como si no hubiera un mañana, no hace falta tener todo el papel del mundo. Eso no nos sube de nivel, no nos da puntos de vida ni tampoco simoleones. No hace falta mirar mal a las personas por la calle; "¿a dónde irá? No tiene perro, ni carro de la compra..." Solo hace falta quedarse en casa. Qué duro, ¿no? Qué duro hacer teletrabajo, ver series y películas en familia. Qué duro salir al balcón a aplaudir al personal sanitario y demás personas cuyas profesiones exigen jugarse la vida hoy, ahora, por nosotros y nosotras. Qué duro aprovechar para aprender a cocinar o a tocar algún instrumento. ¿Os estáis oyendo? ¿De verdad somos tan quejicas? Duro es volver del hospital donde trabajas, como cada día, pero con un nuevo acompañante: el covid-19. Duro es tener que explicar a tu familia que vas a tener que encerrarte en una habitación y aislarte por completo. Duro es que, a causa de tus problemas respiratorios anteriores, tu esperanza de salir adelante sea ínfima. Duro es que tus tres hijos se queden huérfanos de madre unas semanas después. Duro es que ni siquiera puedan enterrar tu cuerpo ni hacerte un funeral. Sin embargo, de eso nadie se queja; esa persona enfermó salvando vidas. En vez de tomarnos esta situación como un juego, propongo coger un vaso y tomarlo en serio; en vez de quejarnos tanto de todo, propongo pensar en lo que haremos después. Por mi parte, tengo claro que después del confinamiento me voy a mudar a la calle. A saludar a todos los transeúntes que me encuentre, sí, a vosotros, compañeros y compañeras. Me prometo dar abrazos que duren el equivalente a un confinamiento eterno. Me prometo muchas cosas; pero, sobretodo, me prometo no olvidar jamás que, mientras cundía el pánico o pandía el cúnico y la histeria, y mientras cundía también la falta de seriedad, hubo gente, y en concreto un gremio, que mantuvo siempre la calma y que, al igual que Primrose Everdeen (siguiendo con la línea ejemplificadora con la que he empezado) dieron su vida (algunas en el sentido literal de la palabra) curando las de las demás.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora