Epidemia de histeria

Eduardo Pascual García|

Actualizado el 11/03/2020 a las 08:32

Todos coinciden en que anteayer fue un punto de inflexión en la loca historia del coronavirus, padecimiento que en España hace hasta pocos días nos sonaba a chino. No caeré en comparar burdamente su mortalidad con la de otras enfermedades infecciosas (poco importa que dicha tasa sea aparentemente baja si su infectividad resulta inusitadamente alta) o en el de casos totales con padecimientos que llevan propagándose desde hace años (por ejemplo: es cierto que el VIH se cobró 770.000 vidas en un solo año —2018—, pero esa es una infección que conocemos bien y sabemos cómo controlarla y paliar sus efectos; con el COVID-19, resulta lógico alarmarse ante la incertidumbre de no saber cómo evolucionará). Es, sin embargo, un efecto colateral de esta pandemia el que debería preocuparnos. Ayer mismo pude ver cómo el Mercadona de Barañáin lucía sus estanterías desiertas, y lo mismo ocurrió en otros supermercados de esta y otras cadenas por toda la comarca. Resulta extraño porque Navarra no es una zona de riesgo, solo registra 23 casos y todos de origen conocido, y aunque tengo la absoluta certeza de que la escasez ha sido puramente momentánea y debida a la incapacidad de los reponedores de responder al repentino incremento en la demanda (ni en China ni en Italia, los dos países más afectados por el nuevo brote, se ha vivido carestía alguna, a pesar de las imágenes de tiendas desoladas tras el paso del huracán histérico-consumista que allí también se ha vivido) me preocupa que los ciudadanos, en estos momentos de crisis, estemos actuando como altavoces de medios sensacionalistas y otros pregoneros del apocalipsis, en lugar se saber mantener la calma y atender a los expertos, que aconsejan, ante todo, serenidad. Quizás los políticos también habrían de tener en cuenta ese frente en la lucha con la pandemia, pues el pánico es la madre de las enfermedades infecciosas. No ayuda que la Comunidad de Madrid haya decidido suspender las clases hasta el 26 de marzo —Vitoria lo hizo primero, pero ya saben, centralismo—, medida que no hay quien entienda, teniendo en cuenta que son obierno italiano extendía la cuarentena a todo el país, para legitimizar las sospechas de los más paranoicos, disfrazados de precavidos. La bola de nieve va a ser nuestros mayores, precisamente los más vulnerables ante el nuevo coronavirus, quienes en muchos casos tendrán que hacerse cargo de los niños —principal foco de infección— mientras sus padres trabajan. Es, en definitiva, una decisión poco efectiva que acarrea más inconvenientes que otra cosa y que además ha servido, junto con la noticia de que el generalmente difícil de parar. Redes sociales hacen su efecto habitual, difundiendo bulos o inexactitudes -como aquel vídeo de una avalancha humana a la entrada de un supermercado Aldi que no es ni español ni actual- y es ahora cuando algunos se dan cuenta de que necesitamos buen periodismo y buena sanidad pública. Demasiado tarde.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora