Alcohol y menores, el fondo y la superficie
Publicado el 02/03/2020 a las 08:13
Leo en este mismo medio, con una dosis importante de preocupación, los últimos datos que salen a la luz acerca del consumo de alcohol en la población menor de edad de nuestra Comunidad Foral.
El consumo intensivo de alcohol alcanza al 42% de nuestros menores, superando a la media nacional que se sitúa en el 32%. 10% que podría no parecer mucho pero que implica el consumo de esta sustancia de cientos de menores, de manera habitual e intensa. En el mismo artículo leo también que desde el Gobierno de Navarra están trabajando ya en el abordaje de este problema a través de la elaboración del III Plan de Prevención de drogas y la elaboración de una nueva guía de prevención en adicciones en la búsqueda de la concienciación juvenil. Tengo que decir que quedo preocupado, informándome tanto de la realidad del problema así como de las iniciativas puestas en marcha para su solución. Hablar de alcoholismo en menores es mucho más que hablar de la conciencia que estos tienen del consumo de la sustancia y de sus consecuencias.
En la actualidad, es tan amplio el abanico de causas que pueden llevar a un menor a caer en este tipo de consumos que una comprensión detallada de la historia de cada uno de ellos se muestra principal para poder abordar el problema. El alcohol está considerada como la droga más perjudicial y destructiva para el organismo a largo plazo y como una de las adicciones de mas difícil superación debido a la amplísima aceptación social de la misma. Desde bien pequeños vivimos situaciones en las que la presencia del OH es una constante: Navidades, cumpleaños, San Fermín, fines de semana, txikiteos, juevintxos, cenas, comidas… casi cualquier tipo de reunión social. Por lo tanto, en el fondo de un gran número de nuestros recuerdos desde nuestra bien temprana infancia aparecen como “atrezzo” diversidad de bebidas alcohólicas: una cerveza, un vino, un pacharán o un orujo tras las comidas. El lector podrá notar que el condicionamiento en la vida adulta es inevitable. Mas allá de esto, que se encuentra anclado en nuestra historia, podemos volver el foco hacia el momento presente y observar nuestras aceleradas y estresadas vidas llenas de objetivos, logros y planificaciones donde todas estas bebidas alcohólicas se introducen en momentos de relax, momentos de socialización, para divertirse, para respirar, para relajarse… No es difícil observar aquí una nueva asociación. El alcohol se convierte casi sin darnos cuenta en elemento de liberación del estrés, casi como si de un ansiolítico se tratara. Y todo esto es lo que los menores observan, aprenden e integran desde la más tierna infancia. Cuando los infantes llegan a sus 14, 15 años y realizan el sano ejercicio de separarse de sus padres para comenzar a tener ese espacio de vida íntima, autónoma y adulta, llegan nuestras famosas “cuadrillas” de amigos y se convierten en los vínculos relacionales principales en las mencionadas edades, teniendo todos estos grupos en sus conciencia grupal la predisposición a que cuando toque divertirse el alcohol “debe estar ahí”.
Todo esto que describo es el caldo de cultivo para que actualmente tengamos al 42% de los menores utilizando de manera abusiva esta sustancia en Navarra. No nos llevemos a engaño, la elaboración de planes y guías para su prevención temo que tendrá un impacto limitado ya que este fenómeno adolece de un trasfondo social, estructural e individual que requiere primero y principalmente de un gran ejercicio de consciencia por parte de todos y luego de abordajes que puedan llegar a las historias de cada uno de estos menores desde los distintos ámbitos en los que se mueven y que para ellos son referencia así como de un trabajo con los adultos y profesionales de referencia para ellos y de la implantación de las correspondientes leyes que favorezcan el no consumo por debajo de los 18 años. Atacar un problema de este calado desde sus superficie no supondrá mas que un buen gasto de dinero público con escasos beneficios para los menores. No caigamos en el error de aquel famoso trasatlántico que se negó a ver el fondo del problema y visionando únicamente la superficie acabó en el fondo del mar.
Arturo Lecumberri Martínez, psicólogo y ex concejal de Juventud del Ayuntamiento de Pamplona