Sobre la N-121 A y su estado de conservación

Víctor Sotés Gómez|

Publicado el 23/01/2020 a las 08:17

Este Diario ha publicado un reportaje sobre la famosa carretera N-121 A que recorre Navarra desde Pamplona hasta Behobia. Digo famosa porque no hay un día que no aparezca en los periódicos como testigo de accidentes con datos sobre el tráfico que soporta, tanto por camiones de transporte en su destino hacia Europa, como por la gente que va y viene en su trasiego diario hacia sus trabajos.


Por fin esta situación parece que está llegando a un extremo insostenible y resulta imprescindible acometer un modificación en el trazado de la carretera, bien convirtiéndola en autovía o construyendo un tercer carril que alivie en alguna medida los problemas que sufren los usuarios de la misma. Mención aparte la obligatoriedad de construir un nuevo túnel en el puerto de Velate, ¡casi nada!


Pues sí, yo pertenezco a esa fauna de vehículos y de gente que pueblan la N-121 A con una regularidad mínima de dos veces por semana: soy ciclista, como lo oyen. Pero no teman, no quiero hablar de camiones, transportistas, recadistas, trabajadores, grietas en la carretera, baches, de una raya azul que señala que justo debajo de ella han escondido el tendido de la fibra óptica, partiendo en dos el arcén por el que los ciclistas nos refugiamos del tráfico, haciéndolo aún más miserable de lo que ya era. Como digo, hoy no toca hablar de todo eso, lo hacen los profesionales del periodismo mucho mejor que yo. Simplemente me extraña que no hayan reparado en que esta carreterita, reconvertida en autopista internacional, soporte, además de todo lo anterior, tal cantidad de basura a lo largo de sus cunetas.


Podría suponer que todas las noticias respecto al cambio climático no afectan a los pobladores de la ruta y que tienen licencia para aliviarse de todo lo que les estorba, desde botellas de plástico, latas, restos de comida rápida, pañales de los bebés y un sinfín de artículos que, en cuanto han cumplido con su cometido, se tiran por la ventanilla sin el menor de los reparos. Y, ¿adivinan a dónde van a parar? ¡Premio! A la N-121 A y, dentro de su recorrido, Olave se lleva el premio gordo.


Como punto final a este escrito me gustaría matizar que los que ensucian son los usuarios de la carretera nacional, de eso no hay la menor duda. Pero una vez llegado a este punto, ¿a quién corresponde mantener en perfecto estado de conservación, tanto a título de señales de tráfico, del firme, señalización horizontal, como en lo referente a la cuestión de estética con la limpieza de las cunetas?


Víctor Sotés Gómez

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