Fascismo abertzale de extrema izquierda
Publicado el 20/01/2020 a las 08:53
Informó DN de que, cuando el domingo 12 estaba teniendo lugar en la Plaza Consistorial una concentración con permiso legal en apoyo de la unidad de España y de un gobierno que defienda la Constitución, intentó llegar a la Plaza Consistorial (para reventar la concentración legal) un centenar de individuos con ikurriñas y letreros de “Euskal Herria antifaxista” “en su mayoría encapuchados o con buena parte de su rostro oculto”. Por el contrario, las fotos muestran que los concentrados en la Plaza iban a cara descubierta. El dato del rostro oculto es revelador: indica que los de la ikurriña sabían que estaban actuando fuera de la ley, que estaban delinquiendo, y que buscaban no ser identificables para escapar a posibles sanciones legales. Y a la inversa, los de la Plaza a cara descubierta sabían que estaban dentro de la ley y debían de suponer ingenuamente que estaban protegidos por ella. Pero en la práctica no lo estuvieron, porque lo que hizo la policía fue simplemente ponerse entre los legales y los fuera de la ley y separarlos. Es decir, trató por igual a los que respetaban la ley y a los que se la saltaban. Este hecho es una muestra de cómo el Estado de derecho no funciona con el gobierno del PSN en Navarra. Si funcionase, la Policía habría protegido a los legales, habría defendido su derecho a expresarse libremente sin que nadie les reventase su acción legal. Habría dado un minuto a los de las ikurriñas para disolverse, y de no hacerlo voluntariamente los habría disuelto por la fuerza. En resumen habría usado la fuerza para defender la ley, que es lo que hace y debe hacer el Estado de derecho. No lo hizo. En cuanto a los encapuchados de las ikurriñas que se llaman a sí mismos “antifaxistas”, sus formas de actuar revelan que son una mutación aberrante del fascismo: un fascismo abertzale de extrema izquierda. Antidemocráticos, violentos, que no reconocen ni respetan los derechos humanos de los demás y están dispuestos a imponerse utilizando la violencia. Un auténtico peligro público. Siempre ha sido así en España: ya hace ochenta años, para la antidemocrática izquierada revolucionaria, todos sus adversarios ideológicos eran “fascitas”, o sea enemigos que merecían ser eliminados.
Rafael Berro Úriz