El sentido auténtico de la Navidad
Publicado el 24/12/2019 a las 08:03
Cada año el Magisterio de la Iglesia nos recuerda a todos que urge recuperar el sentido cristiano de la Navidad, ya que se está perdiendo a pasos agigantados, con negativa repercusión para una sociedad cada vez más deshumanizada, en la que el hombre está llegando ya a ser un lobo para el hombre. Basta ver los telediarios de cada día. Por eso, en su día Juan Pablo II pidió a la decadente Europa que vuelva a sus raíces cristianas. Este escrito recoge alguno de los argumentos utilizados por los obispos año tras año.
El Magisterio es coherente así con uno de los textos más citados del Concilio Vaticano II, el Nº 22 de la Gaudium et spes, en el que se proclama que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. Más adelante añade: “esto vale no solamente para los cristianos sino también para todos los hombres de buena voluntad en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Este es el gran misterio del hombre que la revelación cristiana esclarece a los fieles".
Estamos asistiendo a una progresiva secularización de la Navidad. En la ambientación navideña de nuestras ciudades y de nuestros hogares, se prescinde del Misterio que en estos días celebramos. Se sustituye el Belén por el árbol de Navidad, los Reyes Magos por un Papá Noel sin referencias religiosas y hasta las tarjetas navideñas se han convertido en felicitaciones laicas portadoras de deseos de paz y de felicidad inconsistente, porque se olvida al verdadero protagonista de la Navidad, Jesucristo, príncipe de la paz y punto de partida de nuestra alegría en estos días. El despojamiento del sentido religioso de la Navidad se manifiesta también en el lenguaje. La palabra Navidad, que significa natividad o nacimiento del Señor, es sustituida por la palabra “fiesta”, más inocua y menos comprometedora. La tradicional expresión “felices pascuas”, de tanta riqueza espiritual, porque con ella aludimos al meollo de la Navidad, el paso del Señor junto a nosotros, junto a nuestras vidas, para renovarlas y hacerlas mejores, se ha sustituido por la expresión “felices fiestas” que busca evitar reconocer que el corazón de la Navidad es nuestro encuentro con el Señor que nace para nuestra salvación. Es trascendental y urgente fortalecer el sentido cristiano de estos días. El Dios que se hace niño lo es todo para nosotros. Por ello, hemos de compartirlo con nuestros conciudadanos, pues él nos trae la paz, la alegría, la esperanza y el sentido para nuestra vida, el futuro y la esperanza también para el mundo.
Es muy importante vivir la Navidad en el hogar. Pocas ocasiones unen más a las familias que estos días entrañables. También debemos vivir la Navidad desde la eucaristía. El Señor que vino al mundo hace más de 2.000 años sigue viniendo cada día sobre el altar, quedándose después en el sagrario, el mejor y más verdadero Belén. Estas disposiciones exigen evitar el derroche y dejarse atrapar por el consumismo, que son una afrenta para los miles y miles de hermanos nuestros que están sufriendo las consecuencias de la crisis económica y el paro. Aunque solo sea por honestidad y respeto, debemos vivir unas Navidades austeras, prescindiendo incluso de algo necesario para compartirlo con quienes nada tienen. ¿Qué se pierde cuando se pierde el sentido auténtico de la Navidad? Perdemos a Dios, al hombre y nosotros mismos.
Gerardo Castillo Ceballos