¿Es esto la Navidad?

Carmen Olorón Goñi|

Publicado el 21/12/2019 a las 08:18

Ya está aquí la Navidad, que junto con los Sanfermines marcan los dos hitos en el tiempo y en el espacio de nuestra ciudad. Así que, ¡Navidad otra vez! ¿Y qué? Y nada, volveremos a la lotería de todos los años, esa que nunca nos toca. Y nos lloverán los deseos de felicidad, unos sinceros y cordiales, otros fríos y huecos cual mensaje comercial. Sacaremos las figuras del Belén y el árbol de los chinos, la vieja pandereta y la botella de anís que sirve de instrumento musical. También el solomillo de oferta congelado en la nevera. Prepararemos la compra navideña dejándonos un pastón en el intento. Acogeremos con emoción a los hijos que vienen de fuera. La familia se reúne alrededor de una mesa y feliz aquella en la que están todos los que son y son todos los que están, porque el simple hecho de estar juntos compartiendo esas viandas especiales de estos días, harán el resto para que la alegría sencilla y natural brote “per se”. Pero, ¿es esto la navidad?

En los comercios y como reclamo navideño, suenan machaconamente los villancicos de siempre; pero sin alma. Creo que llaman marketing al intento de crear sensaciones y emociones que nos lleven a comprar más y mejor, porque hoy es inconcebible una Navidad sin regalos. A nuestro alrededor las ciudades compitiendo en iluminación, que cada uno interpretará según le parezca. Lo que está claro es que donde la luz inunda la calle, crecen las ventas. Pero, ¿es esto la Navidad? Por el mundo, ¡ay nuestro pobre mundo que se desangra en querellas! De Oriente a Occidente y de norte a sur, se mata y se muere por un “¡quítate tú que me pongo yo!”. Si somos capaces de levantar la vista de nuestro surtido plato navideño y con las gafas de ver miramos por la ventana del maravilloso planeta azul encontraremos injusticias, pobreza, guerra y dolor, veremos el sufrimiento, la tristeza, el hambre, la soledad y la enfermedad en millones de seres humanos. Hallaremos niños famélicos invadidos por las moscas; niñas, demasiado niñas para ser casadas o vendidas por sus propios padres con un destino a veces peor que la muerte; refugiados sin patria ni país que los acoja; inmigrantes ahogados o aparcados en las cunetas de la vida; mujeres prostituidas por los hombres que las condenan. Mientras todo esto sucede en estas fechas, pregunto: ¿Es esto la Navidad?

Miro en el fondo de armario de mis adentros, porque tiene que existir otra Navidad/Natividad, más allá del consumo compulsivo y la maratón gastronómica. Y es que, llegadas estas fiestas, algunos necesitamos respuestas que den sentido y coherencia a todo esto. “Para que la compasión y la fraternidad crezcan en el mundo”, decía Francisco tras su reciente viaje al imperio del sol naciente. En mi caso anhelo que la noche de paz traiga también días interminables de calma, armonía y conciliación. Y, puestos a pedir, me conformaría con que las treguas en las trincheras, dentro y fuera de las guerras, no sean pasajeras sino permanentes en el tiempo y la voluntad . Además espero que el amor que estos días, misteriosamente, se derrama sobre nuestros corazones, nos cambie también el chip de las miradas, reemplazando el yo por el nosotros a lo largo y ancho del año y del planeta. Como paso de Papá Noel y de su santa madre, me llegaré hasta los alrededores de Galilea, donde me tienen contado que en una cueva, pobre como el que más, nació “alguien” absolutamente excepcional, un judío errante cuyo reino de amor desde luego no era de este mundo. Quiso, eso sí, implantarlo entre nosotros, aunque no sé yo si lo consiguió. Y allá en Belén, rodilla en tierra con intención de adorar a un Dios, si pudiese articular palabra alguna, le preguntaría: ¿es esto la Navidad?


Carmen Olorón Goñi

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