Me gusta recibirlos y leerlos (1)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 12/12/2019 a las 09:07

ME GUSTA RECIBIRLOS Y LEERLOS Dilecta Pilar: Me creo, a pies juntillas, lo que me cuentas sobre la augurada (por los meteorólogos) bajada de temperatura en Zaragoza (y en el resto del país), porque en Tudela estuvo lloviendo durante buena parte de la pasada noche y bajé a la biblioteca vistiendo la trenca (más que chambergo, aunque llame a la susodicha prenda más veces así) de invierno, que ya había lavado y recogido (pero me vi obligado a echar mano de ella o él otra vez). Por la tarde fue suficiente con la americana. No pongo en tela de juicio, asimismo, que vender y firmar ocho ejemplares no sea lo que me comentas, un éxito. Como yo no he publicado aún un solo libro (aunque con todo lo que he escrito podría conformar varios) no conozco (aunque espigo aquí, ahí y allí ene referencias) a fondo (en toda su extensión) qué es lo que, de verdad, pasa. Pretendí hacer una gracia al deconstruir el término “sucinta”, amiga; así que no te molestes conmigo, porque no había mala intención por mi parte (sí de que esbozaras una sonrisa). Ya sabes, a veces, constatamos que no nos entienden ni los que lo hacen asiduamente. Insisto en recordarte lo consabido u obvio, que me hago cargo de tu circunstancia o situación; ergo, no tienes ninguna obligación de responder mis correos. Pero, lo reconozco, me gusta recibirlos y leerlos. Pues por Tudela, como te consta por cuanto te narro, en lo tocante al tiempo, me cabe referir, escuetamente, ídem, o, más extensamente, tres cuartos de lo propio. Si tenemos en cuenta una de las dos frases famosas de Demetrio de Falero sobre la amistad (“Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo siempre será un hermano”), creo que, en el ámbito de la mentada (y, por ende, de la fraternidad), para crecer como amigo (y/o hermano) un ingrediente fundamental para lograr dicho fin es mostrar y demostrar al amigo (y/o al hermano, ella o él) que, un día sí y otro también, una/o hace el esfuerzo de comprender a quien se tiene por tal. Dicen que, salvo la belleza, todo lo demás se contagia, como el bostezo, mero acto reflejo. Me consta que tanto la especie humana como el tiempo atmosférico están desquiciados, pero ignoro de dónde partió la locura (si de la meteorología fue a parar en la humanidad o viceversa). (Continúa.)

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