En el día contra la violencia de género

Arancha Caballero Sagardía|

Actualizado el 24/11/2019 a las 10:40

Cada vez que escribo sobre algo que tenga que ver con la «mujer» me llueven las críticas a la velocidad de Alonso en el circuito del Jarama. Así. A todo gas. Y suelen venir disfrazadas de «buenismos» de quien se hace llamar «librepensador» a si mismo. Un librepensador te dirá que no le gusta el Olentzero, cuando en tu carta, le pides muñecas hinchables a demanda para los padres, con tal de que no conviertan a sus hijos en depósitos, en barril sin fondo de sus frustraciones propias. Un librepensador te dirá que no seas «papagayo» mientras se rige solo de prejuicios. Un librepensador te querrá lejos del sistema, en realidad, te querrá lejos de cualquier cosa susceptible de influir en tu psique siempre y cuando no sea él. Un librepensador te motiva a defender la libertad de tus ideas hasta que agarras tres kilos. Ahí, se aferra a los convencionalismos más retrógrados con la fuerza de Trump levantando el muro de la vergüenza. Un librepensador hace suyos tus éxitos y te recalca tus fracasos casi tantas veces como te dignes a mentar a la mujer. Un librepensador te dice que te eriges como defensora a ultranza de las mujeres, aunque lo que pidas sea la erradicación de la gloriosa etiqueta «de género». Un librepensador te mostrará las bondades de su librepensamiento al tiempo que mina tu confianza hasta en todo lo que se mueve. Un librepensador te pedirá razones solo para rebatir tus argumentos. Un librepensador se escudará en la asimetría para seguir ejerciendo su control. Un librepensador no dudará en intimidarte aun delante de cientos de personas. Pocas cosas hay peores que un librepensador desesperado porque no tiene nada que perder. Un librepensador se refugia en los derechos humanos al tiempo que va dibujando humanos sin derechos desde su trinchera. La igualdad no se enseña, igual se nace. Más bien, lo que se enseña es a educar en la desigualdad. Y lo demás puro paripé. Porque si no, el resultado no sería otro que la igualdad. Es sencillo. Igualdad no es mayor presencia de la mujer en los premios Nobel. Igualdad no es que Pérez Reverte ceda su asiento en la RAE a una mujer. Igualdad eres tú. Y cuantos más algoritmos saques a pasear por el camino... más librepensadores se descontrolarán así como los osos en el Ártico. Duda de quien se hace llamar librepensador a si mismo porque lo que proyecta hacia fuera no es sino la máscara de la perversidad que alberga dentro. Si realmente fuera un librepensador no le haría falta proclamarlo a los cuatro vientos porque «la causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutarla». Mohatma Gandhi.

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