Historia del agua del lago de Mendillorri
Publicado el 18/11/2019 a las 08:11
En el Diario de Navarra del pasado 8 de noviembre, venía el recordatorio de haberse cumplido los 30 años de la adjudicación de las obras para la urbanización de la primera fase de Mendillorri, iniciándose la construcción de las parcelas en febrero del año 1991. Indicaba que para esas fechas estaban casi concluidas las obras del parque con el lago, anexo al palacio existente. Indicaba sus medidas y volumen (20.000m3 - 20 millones de litros-) y la anécdota de toda la fauna encontrada dentro, cuando tras 25 años se procedió a su vaciado y limpieza. Mi atención se centró en el párrafo que marcaba un detalle histórico, muy curioso pero que puede pasar desapercibido que es el que voy a intentar ampliar aquí. Indicaba textualmente: “Por aquel entonces se explicó que para tenerlo lleno se aprovecharía una salida de agua que tenían los depósitos de Mendillorri y que se desviaría hacia el lago”. Y, efectivamente, así se hizo. El agua “proveniente de los depósitos”, llenó el lago y este se estuvo regenerando, día tras día, año tras año, a través de su continua aportación, que obligaba a que el agua superficial saliese por el rebosadero que se sitúa en la esquina más próxima al palacio. Es decir, con agua potable para consumo, que se “filtraba” (perdía, en una palabra) a través de, principalmente, las fisuras en soleras, y que, recogida por los drenes era trasladada fuera para evitar daños en ellas. No tengo ni idea de si se estableció algún contacto con la Mancomunidad para ello.
No fue hasta años más tarde (1999) que dentro de una campaña de revisión general de depósitos de agua, para verificar su estado y sus pérdidas, se observó esta salida de agua en una tubería exterior a los vasos (compartimentos de un depósito) del más cercano a la población, comprobando la presencia de cloro residual (signo inequívoco de agua potable perteneciente a ese depósito). Se empezó a controlar de modo continuo su caudal, durante tiempo, verificando una pérdida muy ostensible, que llevó a ejecutar un aforo de contraste real (aislar completamente el depósito -que no tenga ninguna entrada ni salida de agua, salvo la que se escape-) de 3 días, con tomas periódicas de nivel en el propio depósito, constatando una pérdida de casi 8l/s (redondeando, 250.000 m3 al año -250 millones de litros anuales, o unas 74 piscinas olímpicas/año, para reflejarlo como hemos visto otras veces en las informaciones aportadas al público). Una vez impermeabilizado (diciembre de 2002), la aportación al lago sólo se podía trasladar a través de pequeños remanentes de pérdida de algún otro depósito cuyo drenaje iba hacia la misma zona (de los depósitos “viejos” de mampostería de 1895 - preciosos en su construcción con arcos- que al ser su pérdida pequeña sólo se trataron las soleras para no afectar a las paredes interiores, por si un día se decidía hacer en ellos - sitio más que idóneo- un museo del agua). Por tanto, la regeneración del lago solo se tenía que dar a través de esa pequeña aportación, o por la aportación de agua de la red de riego del parque. Es decir, un agua registrada a través del sistema contador oportuno y facturada al Ayuntamiento. Agua que, anteriormente, entraba dentro del conjunto de agua “perdida”, para hablar llanamente.
Hoy es el día que el rebosadero sigue funcionando con un caudal apreciable. Puede que por la regeneración que necesite (no tengo ni idea de si tiene que ser continua o lo hacen esporádicamente). En cualquier caso, ya está el control propio del consumo por parte de los servicios correspondientes de MCP/SCPSA, para discernir si es realmente un caudal ajeno a cualquier otra posible pérdida.
