La desgracia se ceba con los incidentes
Actualizado el 01/11/2019 a las 11:11
Que algo o alguien me diga cómo es posible que otra criatura inocente tenga que pasar por el peor de los trances a los que el ser humano puede enfrentarse como le ocurrió al pequeño de dos años en tierras de a India. Tragedia sin igual, que solo de imaginarla pone a cualquiera pone a uno con la piel del revés. Imagínense alguien cercano en semejante situación. Los muy devotos y sobre todo los que padecen algo de fanatismo, o ceguera, supongo que estarán pensándose una disculpa, que para las malas noticias tienen la recurrente de decir que ha sido mala suerte, Dios lo ha querido así, pues valla gustos tiene, ¿no? . Aquí una vez más nos aborda la reflexión, ¿dónde está el que teóricamente tenía que velar por los más débiles e inocentes de todos los seres que poblamos el planeta azul? ¿Es que le pillo despistado? ¿Quizás estaba en su día de descanso? Habrá que inventarse una disculpa que sea fiable y creíble. Claro que la mano del hombre estuvo ahí con el hoyo abierto en forma de negligencia, pero se supone que un leve desvío de su atención hacia otra parte seria suficiente para evitar lo peor. Su caso debe de llenar de pena los cuatro confines de la tierra, no es para menos. Lo seguro es que de existir desde luego se le cuelan por todas partes con resultados que se pasan de fatales, rozando ya el morbo por lo continuadas. Ya es hora de que eses incondicionales que solamente tienen la errónea costumbre de atribuirle únicamente los casos con resultados positivos dejando en manos de la mala suerte todo lo negativo, (así cualquiera es líder, nadie le reprocha nada y encima solo reciba alabanzas aunque por mala acción u omisión la cosecha sea desastrosa) muevan ficha y le pongan ese mal bagaje delante de sus narices. Aunque les duela, va a ser imposible de que ese algo (DIOS) les atienda, pues nadie puede dar de momento testimonio de su existencia, así de cruda es la realidad. Entretanto ser agnóstico es lo más coherente, para no vaciarnos en reproches de magna envergadura, todos le serán pocos, sobre el que se presume estar llamado a ser nuestra carta salvadora. Lo de omnipresente, todopoderoso y bondad infinita, seamos realistas, un puro y duro cuento. Para el pequeño, todavía está por inventar la frase ajustada a su caso, desde luego se merece la mejor.