Cataluña-España

Daniel Bidaurreta|

Publicado el 18/10/2019 a las 08:17

He aquí un contencioso que, como el Brexit, dura y perdura porque los señalados a decidirlo están divididos a partes muy parecidas. El principal problema que tiene el independentismo catalán no es la Constitución Española, ni Madrid, ni nada de eso, sino el insuficiente apoyo que recibe del pueblo catalán a pesar de las escenas que estos días estamos viendo en las televisiones. Si ahora el Gobierno Español accediese al reclamado referéndum de autodeterminación, sólo serviría para constatar lo que en realidad ya sabemos: que el 48, o el 50 o el 52 por ciento de los catalanes son independentistas, lo cual no serviría en ningún caso para dar un salto de tantísimo calado político como es una eventual separación de Cataluña del resto de España.

Hay decisiones que se pueden tomar con el 50,05 % de los votos o menos, por ejemplo si se cambia o no el ascensor de una comunidad de vecinos, pero la separación de una parte tan importante de España, donde lleva más de 500 años, requiere un consenso muchísimo más firme que Cataluña hoy por hoy no tiene. Porque con su pujante economía, su lengua y cultura florecientes y su amplia autonomía, carece de razones de peso como sobradamente las tuvieron, por ejemplo, los irlandeses hace cien años para independizarse de Inglaterra.

Pero no hay que desesperar. Este conflicto, como todos, terminará solucionándose algún día que no será precisamente mañana ni del mes que viene. Y tendrá que ser con un arreglo no al gusto de las dos partes -lo ideal está reñido con lo posible-, sino a disgusto de todos, separatistas y constitucionalistas, que lo tendrán que aceptar como hay medicinas desagradables de tomar pero que curan, o por lo menos hacen mejorar. Tenemos una referencia en una región europea no tan lejana, que es el Tirol del Sur. Los sudtiroleses son oficialmente italianos según lo dice su pasaporte y su carnet de identidad, y en la capital Bolzano, que ellos dicen Bozen, ondea la bandera italiana en los centros oficiales. Pero hablan alemán y a menudo se visten como los tiroleses de más al norte, gozando de un amplísimo régimen de autonomía, de forma que en realidad son ellos los que se autogobiernan. Conocí a un amigo italiano aficionado al montañismo que me confesó no haberse sentido jamás tan extranjero en ningún país como cuando estuvo por allí. El Tirol del Sur sufrió en su día un contencioso violento con bombas y encarcelados, pero ahora es un territorio que ya lleva unos cuantos años en paz.

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