Si no estamos contentos, nada mejor que ir a votar

Carlota Alfaro|

Publicado el 30/09/2019 a las 11:21

El problema de que vayamos a celebrar las cuartas elecciones en cuatros años, no es sólo pensar en a quién podemos votar. Son las comidas familiares y las reuniones con amigos en las que no pocas veces en este tiempo la política se lleva demasiado, para mi gusto, protagonismo.


Determinados debates me resultan enriquecedores, porque amigos o familiares esgrimen distintos puntos de vista respecto a según y qué temas, y eso me ayuda a ponerme en el lugar del otro y por qué no decirlo también, a aprender e incluso a ceder en mi posición. Pero, desde las últimas elecciones de abril, y me atrevería casi a situar la línea de tiempo en la moción de censura a Mariano Rajoy, el verdadero protagonista de las conversaciones es el desencanto. Y lo peor de todo, es que gana por mayoría.


Y no lo entiendo. Porque si la incapacidad para alcanzar acuerdos y sentarse a dialogar de verdad, es algo que ha caracterizado a los líderes de los principales partidos en estos últimos tiempos, creo que lo nunca debemos hacer los ciudadanos es admitir la derrota desde el desencanto. Pero, ¿otra vez nos van a obligar a ir a votar en noviembre? Preguntaba acalorada un amiga en una reciente cena. Pues bendita obligación, porque, gracias a que vivimos en una democracia, tenemos la oportunidad de manifestar en las urnas el descontento que podamos sentir hacia los partidos políticos.


Porque esa es la mejor manera, a mi entender claro está. Pienso que no hay que ponerles delante del espejo, y volver a trasladarles la responsabilidad de que, en función de los resultados que salgan, se sienten a dialogar para poder formar un gobierno que garantice la estabilidad que los ciudadanos estamos demandando. Quedarse en casa es una opción, y que cada cuál aplique la que quiera. Pero por el respeto que se merecen todos los antepasados que nos precedieron y que pelearon para que tuviéramos la posibilidad de ir a votar, no consideremos acudir a las urnas como si fuera un castigo. Quien más o quien menos tiene no más de diez minutos hasta el colegio electoral. Es un domingo en el que muchos aprovechamos para acudir en familia, con nuestros hijos, y que vean qué significar votar. Y ese espíritu es que el siento que se está empezando a perder por culpa de los hechos recientes en nuestro país, y creo, sinceramente, que no debe ser así.


La clase política en general debe reflexionar por qué ha acabado convertida en uno de los principales problemas para los ciudadanos españoles, según el último barómetro del CIS, y los que le precedieron. Y en lo que a mí respecta, seguiré mostrando mi desencanto con ellos, pero votando, y recordándoles que son ellos lo que tienen la responsabilidad de responder a la confianza que depositamos.

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