Ejemplo del bien
Publicado el 07/08/2019 a las 08:38
Escribía recientemente sobre la victoria de Rafa Nadal en Roma y en Roland Garros. Aunque no haya podido hacerlo en Wimbledon, y se haya quedado a las puertas, también con otra persona excepcional, Roger Federer, ha vuelto a ganar Nadal a lo grande. Ha sido una nueva victoria de los más importantes valores, que él encarna como nadie.
Rafa Nadal vuelve a enseñarnos hoy y siempre que además de estar en lo más alto del tenis mundial de todos los tiempos y de la historia de este deporte, encabeza como nadie los valores de la persona. Esos valores que nos hacen ser dignos todos los días, que nos hacen dar ejemplo a los demás y que son el más importante baluarte de la sociedad, donde todos tenemos la enorme responsabilidad de mantener y mejorar en bien de las presentes y futuras generaciones.
Podría ser seguido el ejemplo de Rafael Nadal a pies juntillas por nuestros dirigentes y responsables, a quienes hemos otorgado provisionalmente ese caudal de confianza para administrar una nación en sus distintas facetas. Tan alta responsabilidad, sin embargo, se ve defraudada todos los días y están jugando con los valores supremos de la democracia, cuando no pervirtiéndola o atentando contra las leyes o la norma suprema, con un consentimiento más que peligroso, fomentando la desintegración de la nación más antigua del mundo.
Esta pérdida de valores, que son esenciales en cualquier democracia, está ocurriendo en España sin una reacción de los partidos responsables, para comprometerse a una, en la defensa de la constitución y en la creación de todo tipo de instrumentos para salvaguardarla de quienes actúan amparados por ella, traicionándola (...).
Esto no es admisible en ningún país de nuestro entorno y la sociedad civil exige un inmediato arrepentimiento de quienes no son dignos de la responsabilidad que tienen delegada, para que o bien cambien su comportamiento o cedan el testigo a quien si crea en los valores trascendentales de toda democracia moderna.
Soy optimista no obstante, y pedimos todos, una vuelta a la verdad, a la confianza, a la honestidad, a la transparencia, al imperio de la ley, a la coherencia, al trabajo y esfuerzo digno y fiable, a saber que las dificultades por grandes que sean se afrontan entre todos, con modestia, sacrificio y lealtad. Son estas virtudes necesarias cuando se persigue el bien común y el interés general. España puede hacerlo. Solo falta el compromiso de sus dirigentes y de quienes más responsabilidad tienen. Son personas, no son robots metálicos y como hacen las personas de altura, aplican los valores sin condiciones y sin egoísmos, pensando en el bien de España y de su democracia.
Solo los principios y valores sólidos sostienen una nación y con ellos ya pueden venir toda suerte de ataques que no lo lograrán. Con ellos además se pueden afrontar todos los problemas por grandes que estos sean. Son los que nos imprimen la fuerza del sano optimismo para la lucha diaria y nos hacen tornar en alegría las tristezas.
Son los que Rafa Nadal nos enseña todos los días demostrándonos el tesoro que todos tenemos posibilidad de compartir, aunque libres de poder hacerlo o no. Hacerlo, supone el éxito, el ejemplo luminoso y la conciencia tranquila. Rechazarlos, el fracaso más estrepitoso, negritud de conciencia y el ejemplo vacío y de la nada.
Amalio de Marichalar