Cuando parece un cuento... pero no lo es
Publicado el 26/07/2019 a las 07:33
Érase una vez un grupo de jóvenes que estudiaron en la universidad, gente hábil que acabó sus carreras y decidió ser políticos. Estos jóvenes tomaron la decisión de asustar a Madrid, capital de nuestro país llamado España, y lo consiguieron. Organizaron un 15 M y nos tuvieron a todos con el ordenador abierto viendo asombrados el cerco que crearon al Parlamento - no dábamos crédito de lo que veíamos pues hubo destrozos públicos y privados, algunos sacaban de sus mochilas piedras para atacar a la policía... -. Unas escenas que todos vimos aquella noche y una que conoció mayo del 68 no puedo evitar pensar que aquel era nuestro mayo... Poco a poco se fue consolidando un partido llamado Podemos que organizaba sus reuniones en la plaza del pueblo. Recuerdo cómo volvía del trabajo y abría mi ordenador para ver cómo iba este tema porque había algo que no me gustaba. (...) A su líder le gustaba mucho provocar, llamando casposos a todos los que para él vivían con cierto nivel económico. Paradojas de la vida, al final esa envidia que llevaba dentro salió para ser igual de casposo que los que él llamaba por vivir en casas de cierto nivel. No quiero hablar de lo que todos sabemos, de su famosa casa, porque yo con el dinero de cada uno no me meto. Pero sí me molesta que su vigilancia la pagamos todos y yo creía, oyéndole hablar, que era un chico más de barrio... Hoy vemos cómo está Venezuela y para mí es la carta de presentación de este partido lo que me da no miedo si no pavor. Ver y oír los enfados de Pablo Iglesias nos debiera dar que pensar a todos pero sobre todo al PSOE... Si a este partido se le da poder, se acordarán siempre de lo que han hecho. Me vuelvo a repetir, que el señor Sánchez eche un vistazo a Venezuela... Las ganas de Sánchez por el sillón no son tan correctas pues no me sirve que quiera ser presidente con esta pandilla. Este país necesita a gente que piense en el país y después de ver la salida de la señora Chivite, con su gesto tan maleducado, poco espero de todo esto. Pero también nos podemos hartar todos.
Loli Cayuela Pascual