El dilema de Pedro Sánchez
Publicado el 26/07/2019 a las 07:32
Pareciera que, cada vez más, el mundo de la política en España se parece un poco al cangrejo: va hacía atrás. Un ejemplo de ello ha sido el debate de investidura, en donde el señor Pedro Sánchez, en un mismo sitio (el Congreso de los Diputados) ha dado cuatro discursos distintos. Es decir, me daba la idea que ese señor, dependiendo de las circunstancias de qué partido intervenía en el hemiciclo del congreso, daba una repuesta personalizada o individual, a cada partido, según sus intereses personales. Por ejemplo, cuando hablaba hacia Pablo Casado, pareciera que los señores de Podemos no existieran en su mundo. Y cuando respondía al señor Iglesias, parecía que no existía el PP ni Ciudadanos en su mundo. Insisto, parecía que estábamos ante una persona que tenía cuádruple personalidad. Seguro que más de un psicólogo que vio al señor Sánchez en el debate ha deducido que estamos ante un caso típico de múltiples personalidades...
Una de las mayores contradicciones del señor Sánchez, para justificar que PP y Ciudadanos se abstuvieran en la votación por el bien de España, es para que supuestamente los socialistas no necesitasen el apoyo de los partidos separatistas o anti sistema a la hora de conseguir los apoyos necesarios en la investidura. Lo curioso de su afirmación es que él, desde el minuto uno después de las elecciones, ha estado buscando las mil y una formas de conseguir los apoyos de esos partidos separatistas o anti sistema. Y si analizamos el caso de Podemos, bueno, es para reírse un largo rato. Que si primero Gobierno de cooperación, que si luego de coalición, que si después se les ofrece algún ministerio... Y lo último de lo último es ofrecer un hipotético ministerio de infancia que nunca ha existido en España como una forma de buscar o justificar un supuesto apoyo de los señores de Podemos. Es decir, la filosofía del partido socialista es crear más ministerios y cargos injustificados para que sus nuevos socios se llenen los bolsillos con el dinero de los impuestos de los ciudadanos. Y, ¿por qué no ofrecerles un ministerio de feminismo, o un ministerio para asuntos revolucionarios? Creo que allí Pablo Iglesias caería ante los pies del señor Sánchez. En fin, la cuestión es que Pablo Iglesias ha visto, como en las últimas elecciones, que va perdiendo votos. Y ante esta tétrica situación de otra posible convocatoria electoral en noviembre, en donde seguro sacaría muchos menos votos y menos diputados, Iglesias sabe perfectamente que hoy, por cosas del destino, tiene la sartén por el mango, y quiere como sea unos ministerios - desde donde los cuales, su partido los pueda usar como plataforma electoral para sacar fama con sus ideas pro chavistas venezolanas-.
Por su parte, Pedro Sánchez es consciente de la realidad del futuro de Podemos, y trata de darle largas a la agonía política de Pablo Iglesias. Sabe que si le da una vicepresidencia, o un ministerio de importancia, está con ello poniéndole una soga a su hipotético Gobierno “progresista”, ya que Iglesias se dedicaría desde el minuto uno en ese hipotético ministerio a hacer campaña electoral. En fin, Sánchez tiene dos opciones: ceder a Iglesias unos ministerios por unos meses de Gobierno, donde Podemos intentaría sacar su mayor tajada política al usar las instituciones del Estado para financiar y hacer campaña revolucionaria. Y la otra opción sería la de tirar la toalla y convocar nuevas elecciones, en donde Sánchez deduce que sacaría más diputados y, con ello, dependería menos de Podemos y de los nacionalistas. La cuestión es que ya el señor Iglesias hace poco le advirtió a Sánchez que arriesgarse a unas nuevas elecciones podría implicar que nunca un Gobierno “progresista” llegaría al poder en España. He aquí el dilema del señor Pedro Sánchez.
Fernando González Meléndez, periodista venezolano exiliado en España