La 'cultura' del pacto
Publicado el 18/07/2019 a las 09:30
En un país normal puede ser bueno que diferentes partidos pacten para formar gobierno. A fin de cuentas la “cultura” del pacto tiene sus virtudes. Pero ni España ni Navarra son normales, porque en su tablero político hay partidos nacionalistas. Y es de necios jugar al mus con quien lo que quiere es romper la baraja.
Si alguna virtud tienen los nacionalistas es la constancia, es que son incansables. Por eso es fundamental que nosotros lo seamos también y recordemos lo que son, lo que han sido y lo que quieren ser. En nuestra democracia hay constantes pactos de PP y PSOE con nacionalistas vascos y catalanes. Pactos que han consistido en cesiones continuas de competencias, de dinero, de privilegios; lo que no parece acorde con el interés general. De bien nacidos es ser agradecidos. Si los nacionalistas fueran gente normal, bien nacida, dirían: “es bueno ser parte de un país como España, no centralista como Francia. Hay que estar agradecidos a la Constitución española que nos permite tener autonomía, dirigir nuestra educación, nuestra sanidad, nuestra cultura ... Es bueno amar y cuidar nuestras dos lenguas, la particular y la común; y nuestras dos patrias, la chica y la grande. Además, como somos más ricos que los de Soria o Badajoz ..., seamos solidarios”.
Este tipo de cosas puede decirlas por ejemplo alguien de UPN que ame el euskera; pero es imposible que salgan de la boca de un nacionalista vasco o catalán. Para poder decirlas tendría que dejar de serlo, porque el nacionalismo es incompatible con el agradecimiento y la solidaridad. Exige estar siempre descontentos, creer que se merecen más de lo que tienen, y tener alguien con el que estar cabreados o a quien odiar. El fundador Sabino Arana tuvo ya todas estas taras, y quienes difunden su ideología, al introducirla en las mentes jóvenes, transmiten su patología: el complejo de superioridad, el resentimiento y el odio. ETA es el fruto más logrado de esa patología nacionalista. Las escenas de la calle Curia el pasado 7 de julio, insultando y amenazando al alcalde y a los concejales de UPN, son la muestra de que la esencia del nacionalismo, el odio esencial, sigue vivo. Son esenciales también en el nacionalismo catalán el odio y la persecución hacia lo español. Ejemplos como “España nos roba” o “el español es la lengua de las bestias”. Un estúpido y racista complejo de superioridad es común a ambos nacionalismos. Otro rasgo nacionalista es la permanente “deslealtad” (eufemismo de “traición”). En Cataluña han perpetrado, ejerciendo esa deslealtad, un cambio social por el que la sociedad ha evolucionado desde un apoyo masivo a la Constitución en el 78, a casi un 50% de independentistas ahora. En 10 años, como dijo Iceta, todo estará perdido, pero a los socialistas parece no importarles. En cuanto al PNV, recordemos su última traición: a Rajoy para apoyar a Sánchez. Pactar por ejemplo un estatuto con el PNV es tener la certeza de que, pasado cierto tiempo, el PNV romperá el pacto y exigirá otro estatuto que le acerque más a su meta. Nunca dan un paso atrás.
Sabiendo todo esto, la actual dirección del el PSN ha pactado por ocupar cargos. Los abertzales, salvo excepciones (¿Barkos senadora?), por ambiciones políticas. Si estos creyeran que el pacto no les permite mantener o mejorar lo que lograron en la anterior legislatura de cara a euskaldunizar Navarra y a ir metiéndola en Euskadi, no lo habrían firmado. Con razón dijo Otegui que les conviene un gobierno socialista. El PNV y ERC han demostrado que piensan lo mismo. Según esto, si queremos que continúen existiendo tanto España como una Navarra que sea comunidad independiente, es necesario que no haya un gobierno socialista ni en España ni en Navarra.
Rafael Berro Úirz