Si no salva a Pilar, él se condena (2)
Actualizado el 06/07/2019 a las 17:25
(Sigue.) Se pueden proponer infinitos símiles válidos para definir el término “conversación”. Este menda hoy, aquí y ahora, la compara, verbigracia, con una lección de anatomía, donde el profesor de dicha disciplina o materia, por ejemplo, Aristocles, Platón, intercambia ideas con sus alumnos, a fin de desentrañar la verdad de las tales. Así que, cuando señala un músculo, una arteria o una vena, los discentes se esfuerzan por observarlo/as desde sus perspectivas para compartir luego sus puntos de vista y/o conocimiento. La charla inesperada entre Pilar y Ángel, dos pilares y/o dos ángeles extraños, en una mesa interior del bar del hotel donde ambos estaban hospedados, se pareció a la que en otro lugar del orbe mantenían dos pacientes en la sala de espera de un recinto hospitalario antes de ser llamados para entrar en la consulta del especialista, pues pudo devenir, amén de agradable, benéfica y desestresante para ambos. Pilar, por arte de birlibirloque, se mostró a los ojos de Ángel como un pilar afable y desconcertante, por representar, seguramente, el tipo de mujer que él había ignorado o al que apenas había prestado atención hasta entonces. Al final de la primera jornada de vacación, Cupido, con la primera flecha, hizo pleno, al atravesar o ensartar con la misma sus corazones. Hoy, 28 de junio, viernes, a las diez de la mañana, he logrado interpretar el sueño que ayer me refirió Ángel; en concreto, he conseguido descifrar el mensaje que el dios del amor, Cupido, había escrito, a lo largo del proyectil, con letras diminutas, en estos tres renglones: “Esta flecha os insta a que hagáis algo grande juntos. Aprovechad y aprended a compartir como lo que es, un don divino, el par de lustros de amor pleno que tenéis por delante. Llenad de contenido inolvidable lo que nadie os podrá quitar nunca, esta década inmarchitable, prodigiosa”. Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.