Diversidad mental en una misma persona

Manuel Gurpegui Fernández de Legaria|

Publicado el 04/07/2019 a las 09:17

Agradezco mucho a mi colega médico José Ramón Vidán, miembro de la Plataforma de Derechos y Salud Mental de Navarra, el interés con que ha leído la entrevista que me realizó la periodista Marialuz Vicondoa, publicada en Diario de Navarra el domingo 9 de junio. Me alegra constatar que compartimos el valor central de la Medicina: el respeto a la persona enferma. Pero escuchar e intentar comprender al paciente no es contrario a ofrecerle los mejores recursos técnicos que, en el caso de la Psiquiatría, son principalmente la medicación individualizada y las técnicas de psicoterapia más apropiadas para el paciente. Siento no haber tenido el acierto de precisar mejor el alcance y los límites de algunos procedimientos terapéuticos por los que se interesó la entrevistadora, científicamente validados y que se aplican a una pequeña proporción de pacientes. Por ejemplo, ya nadie realiza la lobotomía pero sí que algunos casos muy refractarios de trastorno obsesivo-convulsivo se benefician de la interrupción de un determinado circuito cerebral hiperactivo por medio de una radiación localizada con alta precisión o de la llamada estimulación cerebral profunda sobre una diana específica. La terapia electroconvulsiva (o electrochoque) tiene unas indicaciones muy delimitadas (depresión psicótica, catatonía…), con alto beneficio y bajo riesgo; y se aplica bajo anestesia y relajación muscular general llevada a cabo en condiciones quirúrgicas. La hospitalización involuntaria, habitualmente determinada por razones de riesgo para el propio paciente o para terceros, varía en su proporción de unos países a otros (hace 20 años, de un 3,2% en Portugal a un 30% en Suecia). En algunos países afecta más a los varones (Estados Unidos, Francia, Irlanda) y en otros a las mujeres (Brasil, China, Suiza). Nuestro equipo publicó en 2011 un estudio, de 1.722 ingresos durante 8 años, en el que se mostraba una fuerte asociación entre reingresos frecuentes y un primer ingreso de carácter involuntario. La hospitalización involuntaria no siempre se asocia a insatisfacción por parte de la persona ingresada; la insatisfacción parece asociarse a menor edad, ser menos consciente de la propia enfermedad y el tipo de síntomas, pero no a haber sido objeto de medidas coercitivas, según un importante estudio irlandés publicado en 2018.

Por último, es necesario matizar su expresión de “personas con diversidad mental”. La principal diversidad es la de la persona enferma consigo misma. El impacto del trastorno aleja a la persona de sus cualidades originales y el afán del terapeuta es que las recupere. Solo cuando eso no es posible, se intenta ofrecer programas de rehabilitación para conseguir el máximo de autonomía en su funcionamiento en las actividades de la vida diaria y para favorecer su integración social y laboral. Puede estar seguro de que muchos profesionales no decaen en su empeño de seguir avanzando, también en la Psiquiatría y las otras disciplinas relacionadas con la salud mental.


Manuel Gurpegui Fernández de Legaria, catedrático de psiquiatría

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