Bienvenido, Mr Marshall
Actualizado el 11/06/2019 a las 08:11
"Como alcalde vuestro, yo os aseguro que para pagar esto ni un céntimo ha salido de las arcas públicas, porque en las arcas jamás ha habido un céntimo". Con esta frase representaba Luis G. Berlanga (1921-2010), en una de sus películas, la iniciativa de Estados Unidos para ayudar a Europa Occidental, en la que los estadounidenses ofrecieron ayudas económicas con el objetivo de contribuir en la reconstrucción de aquellos países devastados tras la Segunda Guerra Mundial. Se dice que entre los diversos objetivos estaban los de eliminar barreras al comercio o modernizar la industria europea al tiempo que evitaban la propagación del comunismo, dicho sea de paso, que tenía una creciente influencia en la Europa de la posguerra. Como resultado se produjo un incremento de la productividad, la afiliación sindical y la proliferación de nuevos modelos de negocio"modernos". Algo que nuestros padres o abuelos recordarán con facilidad es que a partir del 1948, les daban leche en polvo en el colegio. Los que tenían la "suerte" u oportunidad de caminar unos cuántos kilómetros cada mañana, se acordarán de aquella leche en polvo que les daban cada día. Ya sea por el impacto de aquella rutina en sus memoria o como mera anécdota, el caso es que había motivos de peso para que aquella pequeña acción se convirtiera en el leit motiv de la época. Y es que la pobreza y decadencia de aquellos años, convertía aquel alimento en uno de los más importantes para niños, personas que por su vulnerabilidad, necesitaban nutrientes para su desarrollo físico y cognitivo. Aquello que Darwin llamaría "selección natural" o diferencia consistente entre la supervivencia y la reproducción entre genotipos diferentes, o hasta en genes diferentes, lo que denominamos éxito reproductivo, pasaba por tener los nutrientes necesarios y de ahí, que EE.UU contribuyera con su leche en polvo. El hecho de que fuera (en polvo) reducía considerablemente los gastos asociados al tiempo que resultaba más fácil de transportar. Esa pequeña rutina contribuyó al desarrollo de los niños que se beneficiaban de sus nutrientes y propició la mejora de la especie tanto en el plano físico pero, sobre todo, cognitivo. Se incrementó el CI y esta tendencia continúa al alza generación tras generación. Sin embargo, hoy la situación tampoco es para echar cohetes. Lejos de las carencias de la posguerra, vivimos en un ambiente dominado por el estrés (más virtual que de otro tipo) y la ambivalencia de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y en vez de dirigir nuestros esfuerzos en seguir mejorando como hijo, pareja, familia, profesional o persona, nos vemos más centrados en aparentar lo que no somos... ni de lejos. Y de continuar esta tendencia, no habrá leche (en polvo) que inhiba la involución de quien se presume como la especie más inteligente. Se puede aparentar sin ser pero, en esta vida, mejor ser que aparentar.