Escarmienta en cabeza ajena o propia (1)

Ángel Sáez García|

Publicado el 07/06/2019 a las 12:35

ESCARMIENTA EN CABEZA AJENA O PROPIA Ayer una excompañera de Facultad me envió un correo (el primero que recibía de ella). Quería cerciorarse de que yo era quien soy, el autor de un texto que había leído, le había encantado y portaba el título definitivo de “Te comportaste bien, 'Metomentodo'”. En el segundo, me explicó, grosso modo, el problema, un infierno en toda la regla, que estaba padeciendo su hija mayor, que cursa el último año de carrera. Para salvaguardar sus identidades y la intimidad de ambas, no daré sus nombres de pila (ni los verdaderos ni otros supuestos) ni más datos que pudieran descubrirlas, hacerlas patentes. “Es la segunda vez, durante las tres últimas semanas, que mi hija, a la que he llevado al psicólogo, ha intentado suicidarse. Hace año y medio conoció a un chico excelente. Nada que ver con su 'follamigo' anterior, un fulano de mucho cuidado. La relación con el nuevo amigovio iba viento en popa, como la seda, hasta que, hace menos de un mes, el desgraciado y desleal, su desagradecido ex, le mandó, por 'guasap', al que ahora también la ha dejado, el vídeo sexual que el delincuente le había grabado (y robado) un día que ella estaba muy excitada. Mientras que, en dicha grabación, a su ex, el labrador de su deshonra, no se le ve más que el pubis (en concreto, su enhiesto dedo sin uña), las piernas y los pies, a ella se le ve desde el inicio, cuando se desnuda en frente de un gran espejo, entera, desinhibida, y se le reconoce fácilmente, pues actúa, confiada, a calzón quitado y a cara descubierta. En un principio, su nuevo 'follamigo' no le dio más importancia que la que tenía. Era un suceso del pasado. Lo borró y santas pascuas. Pero luego no tardó en venir el hombre del mazo, o sea, Paco con la rebaja, porque el ladrón que le hurtó la intimidad a mi hija, como le suele ocurrir al asesino en serie, fue especializándose en sus fechorías y se las arregló para que su obra maestra, el maldito vídeo, corriera, como la pólvora, saltando, de móvil en móvil, como un piojo o pulga indeseable, hasta que nos llegó a su padre y a mí, alertándonos y sobresaltándonos sobremanera, como te puedes imaginar, y al grueso de sus compañeras/os y profesoras/es. “¿Qué consideras que puedo y tengo que hacer? Te agradezco, de antemano, el o los consejos que tengas a bien darme, de veras”. Esta ha sido, no sin haber procedido a eliminar antes lo que pudiera identificarlas, mi respuesta: (Continúa.)

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