Misoginia
Publicado el 09/05/2019 a las 20:04
En todo proceso educativo se parte de una serie de creencias que parecen ”absolutas“ para un determinado corte generacional, que siempre llevan implícitas, una serie de distorsiones entre lo que te enseñan y lo que ocurre a pie de calle. El problema estriba en que las generaciones se solapan entre sí a través de nosotros, que les damos vida y acabamos con un ”popurrí” importante, que ni Coelho es capaz de descifrar. Ya de infante te explican que si no estudias nada serás en la vida… mientras aseguran que tu profesión no te define como persona. Hablan de la belleza interior como aquello que te pone en valor hasta que ”agarras" tres kilos. Ahí cambia la historia. Te enseñan el valor de la democracia al tiempo que justifican la ley mordaza. Aprendes que recibes lo que das y te llaman ingenua después. A golpe de ”bourbon" te hacen ver que fumar es malo. A creer en un Dios que ama mientras no cesan de jurar sobre él. Los mismos que te animan a casarte no se aguantan entre sí. Te educan para ser ”alguien", mientras no hay día que no aseguren que no eres ”nada“. Hay distorsiones que gozan de mayor aceptación y legitimidad que la propia realidad. El machismo es el vivo ejemplo de ello. Y el racismo y la homofobia… La distorsión tiene el poder de interiorizar cual mantra una serie de leyes no escritas que se contradicen entre sí. Así, te dicen que tolerancia cero con quien te maltrata, y… a quien ponen en ”tela de juicio“… y en cuarentena… y en entredicho, es a la mujer. Se predica una cosa y se acaba haciendo justo lo contrario. Porque la educación tiene mucho de generación. Pero no hemos cambiado tanto. Ni siquiera un poco. Seguimos viviendo en una sociedad marcadamente misógina. Y lo hacemos desde la libertad y con total legitimidad. Ellis y Beck defienden que todos tenemos distorsiones cognitivas pero algunas gozan de mayor aceptación que otras. Afortunadamente, el tiempo se suele encargar de descartar esas teorías sin base científica sólida pero esto no siempre es así. Es fácil concluir que Freud era un misógino de libro por sus aseveraciones acerca de la histeria en las mujeres pero que alguien utilice su poder para influir sobre otro, sobre todo, cuando es una mujer, será siempre entendido desde el aclamado marco terapéutico. Y, es que, cuando se trata de la integridad, sobran las teorías. Ser íntegra contigo misma y con los demás, depende del contexto en que se produce, puede condenarte al ostracismo más absoluto. Así... sin anestesia. Y será más fácil que tú acabes interiorizado cual mantra que el abuso de poder es parte tu disfuncionalidad cognitiva a reconocer que el abuso de poder no es opción. Venga de donde venga. No. No hemos cambiado tanto. Ni siquiera un poco. Y mientras tú centras tus esfuerzos en defender lo indefendible, alguien, en algún lugar, estará sufriendo las consecuencias de una misoginia compartida y, sobre todo, legitimada.