Gerontocracia
Publicado el 14/04/2019 a las 08:39
El primer General retirado que entró en esta etapa en política fue Julio Rodríguez, Jefe del Estado Mayor de la Defensa. Fue candidato al Congreso en 2015 y 2016. Recientemente se han dado más casos. Merece la pena fijarse en el que va a ser candidato a la Alcaldía de Palma de Mallorca, el General Fulgencio Coll, Jefe del Estado Mayor del Ejército con Zapatero de Presidente, creador de la prestigiosa Unidad Militar de Emergencias (UME), y director obedeciendo a Zapatero de la retirada del ejército español de Irak en 2004; y por su cargo, subordinado en cierto momento al General Julio Rodríguez. Lo de fijarse en él es por su aviso de que renunciará al sueldo si resulta elegido. Trabajará gratis. Habló de voluntariado.
Que alguien enfoque su participación en la política como una actividad de voluntariado resulta como un soplo de aire fresco y limpio. Su gesto (también en menor medida el de los otros generales) nos hace recordar a Platón, que para nada se habría sorprendido al conocerlo. Habría pensado que con su decisión el exgeneral no hacía más que mantenerse en la misma actitud en la que había vivido, pues creía que la vida militar es vida de servicio y de entrega, y que una vida así sólo está al alcance de los mejores.
No se trata aquí de hacer propaganda electoral de ningún partido, sino de ver la relativa coincidencia de algo que ocurre entre nosotros con ciertas ideas de Platón, que no era precisamente un imbécil. El exgeneral candidato en Palma es el más próximo al ideal político de Platón, según el cual el gobierno debería estar en manos de personas de edad que hubieran vivido de un modo ejemplar toda una vida de permanente entrega al servicio del Estado. Más en concreto, que hubieran sido militares ejemplares. De entre quienes hubieran vivido de este modo convenía, según el filósofo, seleccionar a los más sabios para que se hicieran cargo del gobierno, y no deberían cobrar por gobernar, como el exgeneral Coll ha prometido hacer. Platón era muy radical en cuanto a la renuncia a la propiedad privada por parte de los gobernantes (si vemos las declaraciones oficiales de bienes que presenta Barkos según las cuales apenas tiene propiedades y somos crédulos, podremos preguntarnos si acaso será discípula de Platón en la intimidad). Aunque no lo previera Platón, votar podría ser un modo de seleccionar a los mejores de entre los mejores.
Una democracia en la que los gobernantes se eligieran entre mayores que hubieran vivido una vida ejemplar de servicio a la sociedad y al Estado; con experiencia y saber acreditados, que como el exgeneral citado no necesitasen ya del éxito en su vida, que no cobrasen por gobernar ... ¿No suena bien? Cierto que muchos no entraríamos en esa selección tan exigente, pero como contrapartida el método traería aportaciones positivas: no tendríamos políticos faltos de preparación, de experiencia, de ejemplaridad, de principios ni de escrúpulos. No padeceríamos por ejemplo la falta de escrúpulos de Sánchez diciendo y haciendo en cada momento lo que haga falta para seguir en el poder, ni la retórica hueca y autocomplaciente de Barkos, ni la egolatría ni el desmesurado afán de poder de ambos. Aunque es verdad que la gerontocracia necesitaría de alguna manera como complemento la vitalidad, el empuje y la creatividad de la juventud.