No herir “sentimientos” locales

Víctor Manuel Arbeloa|

Publicado el 15/01/2019 a las 09:13

“Nada irrita tanto a los hombres y a los pueblos que el ver estorbos en el camino de sus movimiento elementales. (…) Por eso es torpe sobremanera oponer a los nacionalismos románticos actitudes románticas, suscitar sentimientos contra sentimientos. En el terreno afectivo nada es tan fuerte como el nacionalismo local, precisamente por ser el más primario y asequible a todas las sensibilidades. Y, en cambio, cualquier tendencia a combatirlo por el camino del sentimiento envuelve el peligro de herir las fibras más profundas -por más elementales- del espíritu popular y encrespar reacciones violentas. Contra aquello mismo que pretendió hacerse querer”.

Esto se escribía en Madrid en abril de 1934, en una revista política, cuando tanto en el País Vasco como en Cataluña, y por diferentes motivos políticos, la cuestión autonómica, llamada por algunos “nacional”, estaba al rojo vivo. En España -continuaba el autor- la política más tosca, es oponer a ese sentimiento local la burla o contraponerle el sentimiento patriótico unitario: “Sentimiento por sentimiento, el más simple puede en todo caso más. Descender con el patriotismo unitario al terreno de los afectos es prestarse a llevar las de perder, porque el estirón de la tierra, perceptible por una sensibilidad casi vegetal, es más intenso cuanto más próximo”. El autor era nada menos que José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, y la revista se titulaba “JONS”. Precisamente, por ser autor y revista, símbolos máximos del patriotismo unitario (español), y en aquel momento de máxima tensión, los traigo por lo que puede valer como testimonio realista.

Ya he escrito muchas veces que el sentimiento humano no anda suelto, que está íntimamente vinculado al pensamiento y a la volición, aunque haya en cada momento y en cada acción del hombre una gradación de intensidad de las tres clásicas dimensiones o funciones de la inteligencia única. Y traigo a colación todo esto porque veo y oigo demasiadas veces que eruditos a la violeta o racionalistas más anticuados que la patraña de la “sola razón” olvidan, desprecian y hasta maldicen todo “sentimiento” localista, toda sensibilidad de lo próximo, todo patriotismo popular. Los tales no valdrían ni para alcaldes de su pueblo. Si para eso hubieran valido, no pensarían, no hablarían ni escribirían tan ruda, tan torpemente.

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