¿Cómo afectan los apegos al desarrollo?

Arancha Caballero Sagardía|

Actualizado el 12/01/2019 a las 09:09

Es importante empezar explicando que, en la actualidad, no existe estudio alguno que avale ningún determinismo absoluto en la repercusión de las relaciones tempranas del niño y su desarrollo posterior. Un mensaje fundamental, a tener en cuenta, ya que existe la idea generalizada de que las relaciones tempranas de apego marcan inexorablemente la vida de las personas. Bien. Esto no es así. Y es importante decirlo. Si bien es cierto que esas primeras experiencias con las figuras de apego nos lo ponen más fácil o difícil en la vida, en psicología, afortunadamente, nada es permanente. Ni siquiera la mala suerte. Existen cuatro tipos de apego. El apego seguro es, en sin duda, el más deseable. Ese en el que el bebé primero, y niño después, ve satisfechas sus necesidades de forma segura. Su desarrollo posterior, en este caso, no plantea mayores problemas. El apego inseguro evitativo, se da cuando las figuras de apego (que no tienen por qué ser los padres) pueden ser los abuelos u otros, han pasado períodos de tiempo fuera o no satisfacen las demandas del niño. Aquí, se presentan algunos problemas en relación con esas experiencias tempranas que repercutirán en el desarrollo, de modo que el niño en cuestión, evitará tener relaciones sociales, también de adulto, y mostrará dificultades a este respecto. El apego ambivalente tampoco nos lo pone fácil, dado que en este caso, por muy mal que lo hagan los progenitores o las figuras de apego, para el niño su madre siempre será la mejor. Por el simple hecho de que no tiene otra. El apego desorganizado es el que más problemas genera, aunque a este nivel, las dificultades tampoco son medibles en términos cuantitativos. Surge de múltiples factores como el maltrato infantil, entre otros, y en este caso, el niño vive con miedo constante, porque tampoco sabe a qué atenerse. Pero, ¿sabías que cuando el niño no ve satisfechas sus necesidades de apego busca otras figuras diferentes? La curiosidad y búsqueda continua del niño le permite seguir buscando otra figura que le sea más accesible y satisfaga sus demandas. O sea, que de nada sirve refugiarse en el pasado para entender comportamientos actuales. Y como nada es permanente en la vida, ni siquiera el orden de Marie Kondo, siempre podemos mejorar. Si no, que se lo digan al protagonista de "La búsqueda" de Blanca Miosi, donde la autora narra las vivencias de su marido, en el contexto de la Alemania nazi. Ninguna experiencia temprana determina la vida de las personas per sé. Nadie dijo que fuera fácil pero siempre se puede ser mejor versión. Así que tú eliges qué hacer con tus apegos.

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