Hay abuelas que lo merecen mucho más
Publicado el 16/12/2018 a las 09:09
Este jueves nos regala el señor alcalde de Pamplona con unas declaraciones hechas con el mismo tono de voz con que cualquier “sobrao” se dirigiría a los “pobricos” ignorantes que le escuchan con la boca abierta y un hilillo de baba cayéndoles: “Nosotros estamos muy orgullosos de haber dedicado por primera vez una de las grandes avenidas de esta ciudad a una figura como Catalina de Foix, una de las reinas más importantes y destacadas de la historia de Navarra y, además, una mujer singular, no es cualquier reina, no es cualquier noble, ni siquiera cualquier mujer; es una mujer muy especial, es una mujer madre y abuela de reinas que fueron grandes humanistas”.
El señor Asiron, doctor en Historia (así reza su currículum publicado), habiendo dejado claro en su exposición que la señora de Foix fue una mujer, una “gran” mujer, una “especial” mujer, reina, madre y abuela, los ignorantes le agradeceríamos que nos explicase ahora qué méritos sociales, políticos, religiosos, científicos o humanos hicieron de esta mujer una de las reinas más importantes y destacadas de la historia de Navarra -yo calculo que, como poco y con su vara de medir, a la altura de Indira Gandhi o Maria Curie-. Es cierto que ella tiene el “alto honor” de haber perdido el Reyno… Y acaba su catalinesca exposición de méritos, como para merecer ser la titular de una de las principales avenidas de nuestra capital, con el argumento de que fue madre y abuela de reinas que fueron grandes humanistas. No sé si doña Catalina -de linaje real, reina de Navarra, Duquesa de Gandía, Condesa de Foix, Bigorra y Ribagorza, Duquesa de Montblanc, Duquesa de Peñafiel, Vizcondesa de Béarn- aprovechó o no su encumbradísima posición social para educarse adecuadamente, pero eso de que su mejor mérito fuese ser madre y abuela de reinas que fueron grandes humanistas… Qué quiere que le diga, si no hubiese sido así, usando términos futbolísticos, deberíamos sacarle una real tarjeta roja.
Mis dos humildes abuelas, ambas de pueblecitos recónditos, en aquellos tiempos, del Pirineo navarro, atesoran entre sus “descendientas” directas -hijas, nietas y biznietas- dos maestras, cinco médicas, dos biólogas, una licenciada en Empresariales y en Psicología, una licenciada en Periodismo, una licenciada en Filosofía, una licenciada en Comunicación Audiovisual y en Filología Hispánica, una abogada, una música licenciada en Conservatorio Superior… Según su “curioso” baremo de medida de méritos, la próximamente rebautizada Avenida del Ejército, ¿no se debería llamar Avenida de Petra Urzainqui o Avenida de María Begino? Está claro que Petra y María eran mis abuelas pero, ¿cuántas Marías o Petras se merecerían figurar en los nuevos carteles de esta avenida con infinitos y superiores méritos a los mejores que Asiron pueda encontrar en la mujer, madre, abuela y reina Catalina de Foix?
Su cuatrialcaldía de inicial maraña radical-nacionalista y después de amplio tufo populista-independentista, ha llegado finalmente a la miasma corrosiva (según la RAE miasma es “efluvio dañino que desprenden cuerpos enfermos, materias en descomposición o aguas estancadas”). Parece que su única obsesión actual en la labor de alcaldía sea la de molestar a cuantos más pueda, a ver si hay algún descabezado que se lo tome a pecho y le responda violentamente. Da la sensación de que este sea el clavo ardiendo al que se agarra para tratar de evitar el merecido patadón electoral y democrático que, en mi opinión, merece. El caso de la Avenida del Ejército, aun siendo un asunto menor, desprende esa “olorica”…