El laberinto Pío XII

José Mª Redin Berdonce|

Publicado el 12/12/2018 a las 08:18

Esta nueva “avenida” me recuerda a aquello que sucedió con la calle Descalzos de los años sesenta, que con motivo y apertura de una tienda de calzados el dueño viendo que aquel significado era contrario a lo que él predicaba a los pocos días puso un cartel en la calle que decía “Esta calle ya no se llamará Descalzos porque desde hoy estará calzada”. Pues mucho me temo que esta avenida en menos de un mes no solo habrá perdido su cometido, sino hasta su nombre. De forma que bien pudiera acabar llamándose “El Laberinto” o “Calle del Embudo”...

Cuando hace tiempo se idearon las medidas de peso y longitud a nivel mundial, y sabíamos que las líneas paralelas jamás se podrían encontrar en el mismo punto, ya hacía siglos que el ser humano sabía sin necesidad de explicación que en cada pie se metía un zapato. Pues bien ahora resulta que unos señores del excelentísimo Ayuntamiento de Pamplona, aparte de querer meter en cada zapato más de un pie, se han empeñado en ponerse a meter por una de las principales arterias de nuestra ciudad toda clase de vehículos y mobiliario urbano (solo faltaban los patines). El otro día me decía uno del pueblo que sería más fácil meter a la vez treinta camellos cargados por un túnel del perdón que tener que cruzar un heladero de Pío XII a la Plaza del Castillo. Con lo fácil que hubiera sido dejarlo como estaba o puestos a darle más amplitud recortarle poco más de dos metros a las aceras (que son anchas) y reducir o anular la mediana, tan solo con dirección al Hospital - lo digo más por las ambulancias -. Solo con eso ya tendríamos sitio para aparcar los coches, poner los contenedores, y subir o bajar del autobús sin miedo a que nos pueda atropellar una bici, un patín, o el carro del helado. Pero aquí no acaba la cosa, el verdadero problema será cuando la circulación vaya aumentando, el laberinto se vaya cerrando, y en aquella forma de embudo entren o traten de entrar toda clase de vehículos…

Empezando por particulares, autobuses, taxis, ambulancias, camiones de reparto, de basura bomberos, grúas, contenedores etc. De tal forma que puede llegar el día que tanto los comerciantes como los sanitarios tengan que salir a las aceras y poner un mostrador o un hospital de “campaña” para poder atender a sus clientes o pacientes según sea el caso… De cualquier forma, si esta obra faraónica se le llega a ocurrir a la señora Barcina, no la salva ni el agua del Jordán. Claro que si este gobierno de a cuatro ha logrado sentarse en una sola silla…

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