Pedro Pamplona López, un defensor de la familia y de Navarra


Publicado el 20/05/2026 a las 07:24
Decía el poeta chileno Pablo Neruda que “si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”. Y también fue expresivo el dirigente indio Gandhi: “Si la muerte no fuera el anticipo de otra existencia, la vida sería una burla cruel”. Estas reflexiones nos sirven para aplicarlas a nuestro amigo Pedro, que nos ha dejado decenas de testimonios de entrega a la familia, al trabajo y a sus pueblos, Lazagurría y Mendavia.
Pedro Pamplona López nació el 7 de junio de 1939 en Lazagurría, hijo de Modesto y María. Con 10 años se trasladó a estudiar a Maristas de Villafranca de Navarra. Con 19 años obtuvo el título de maestro en la escuela de Magisterio de Pamplona. Pronto ejerció su profesión educativa en Lazagurria, Gastiáin y Armañanzas, para pasar en 1959 a Maristas de Bilbao.
La obligación del servicio militar le obligó a dejar la enseñanza y en 1961, durante 18 meses, fue destinado a Aizoáin y al Sáhara. Su vocación de profesor le indujo a regresar de nuevo al centro de los hermanos de San Marcelino de Champagnat de Bilbao. Contrajo matrimonio con Pilar Cenzano y en 1963 nació su hija Pili. Volver a su tierra natal era su objetivo, por eso, en 1967, se trasladaron a vivir a Pamplona e ingresó en el colegio Santa María la Real de Maristas de la calle Sangüesa y un año más tarde nació la hija pequeña, Marga.
En 1994, cogió el testigo del H. Félix García e impulsó la asociación deportiva ADEMAR (Maristas), junto a sus compañeros José Mari Martínez y José Manuel Ubani, con el propósito de relanzar, además del balonmano, fútbol y baloncesto, de un modo especial el atletismo con el logro de numerosos trofeos. En 2003 consiguieron la Medalla de Oro al Mérito Deportivo otorgada por el Gobierno de Navarra.
De jubilado Pedro fue miembro de la Asociación Mayores de Navarra Sancho el Mayor, donde participó de forma muy activa y llegó a desempeñar los puestos de secretario y presidente, con múltiples actividades para los socios. Ayudó de forma voluntaria a personas mayores en Civican, impartiendo clases de informática. Incluso puso en marcha la huerta del colegio Santísimo Sacramento, donde trabaja su hija Pili, para promover el interés horticultura en los estudiantes.
El polifacético Leonardo da Vinci decía: “Así como un día bien empleado produce un grato sueño, una vida bien utilizada produce una dulce muerte”. Por eso, su esposa Pili tiene que sentirse orgullosa, porque Pedro Pamplona se ha ido sin meter ruido, se ha dormido plácidamente, ya que su trayectoria y su currículo son dignos de contemplar.
El zagurriano se consideraba sobre todo navarro y defendía con fuerza su identidad, sin olvidar su pueblo de nacimiento, Lazagurría, y su pueblo de adopción, Mendavia, donde dedicaba muchas horas a su huerta.
Pedro falleció el 8 de mayo pasado a los 86 años, rodeado de su esposa Pili, de sus hijas Pili, Marga y consortes Blas y Hugo, además de sus nietos Leyre, Albiar y Gael. El funeral multitudinario celebrado en Mendavia fue una muestra de agradecimiento a Pedro por parte de decenas de amigos y vecinos. Le espera la Virgen de Legarda, como cofrade. Sus compañeros Segundo, Andrés, Víctor, Ricardo, Lute, Alejandro, Asun, Cipri, Josefina, José Luis, Mary Carmen, Rodríguez, Alberto, Luis o Esther le recordaremos para siempre.
Como afirmaba San Agustín de Hipona: “No he muerto, solo me fui antes y no quiero que me recuerdes con lágrimas. Seré el silencio de tu hogar, pero estoy presente. Me he convertido en una página bonita de tu historia. Perdón a todos, tomé únicamente uno de los trenes anteriores al tuyo. Se me olvidó decirte, no he muerto, me encuentro en la habitación contigua”.
Descanse en paz.
El autor es amigo de la familia