¿Para pollos montar está el Congreso? (2)
Publicado el 22/11/2018 a las 18:35
(Sigue.) ¿Cómo denominamos a lo que acaeció en el Parlament de Cataluña los meses de septiembre y octubre del año pasado? Porque lo que está claro (al menos, así lo tengo yo) es que lo que aconteció (yo lo vi y escuché con mis propios ojos y oídos) ocurrió, sin duda, y que se contravinieron las normas procedimentales varias veces y se hollaron diversas leyes también. En esto no hay ninguna hesitación. Yo no soy jurista y no puede decir si hubo rebelión o no; si hubo sedición o no. Pero algo grave ocurrió. Yo no diría que fue una tontería. Eso lo tendrán que resolver los jueces, tras un juicio justo, con todas las garantías. Entiendo y no entiendo, de veras, a la presidenta del Congreso de los Diputados. Me explicaré (lo intentaré; ese es mi propósito; ya veremos luego si lo logro o no). Entiendo que a Ana Pastor le disguste escuchar que unos parlamentarios (ellas y ellos) llaman a otros golpistas (que los abaldonados toman por una falsedad o insulto; y es una innegable afrenta, aun siendo incruenta, pues solo son correligionarios o compañeros de presos preventivos o huidos) y estos (hembras o varones) respondan con el remoquete satírico de fascistas (que los así motejados toman por otro embeleco o ultraje; y lo es, apodíctico). Stricto sensu, ninguno de ellos son lo que se les llama. Porque los unos solo son afiliados del mismo partido que los reos, pues no han sido encausados y los presuntos aún no han sido declarados (por una sentencia firme, que permita usar dicho término con propiedad) así. Y los otros no se han comportado como otrora sí lo hicieron otros, que merecieron ser llamados de esa guisa y hasta cosas peores. Pero no entiendo por qué se debe eliminar del diario de sesiones dichas expresiones (si no lo piden los propios parlamentarios). Si yo hubiera llamado a un diputado de ERC golpista (y reconozco que en algún texto que porta mi firma he hablado de “golpe blando”, para distinguirlo del que dieron Tejero y compañía) hubiera solicitado que se enmendara, porque sigo a Confucio (“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”). Si yo hubiera llamado a un diputado de Ciudadanos fascista, hubiera hecho lo propio. Pero, como abundo con Antonio Machado, que, en su “Juan de Mairena”, sostiene que la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero (aunque Machado, a renglón seguido, añade lo que la gente suele olvidar, los comentarios de Agamenón, “Conforme”, y del porquero, “No me convence” —respuestas que puede dar, verbigracia, el atento lector, ella o él, de estos renglones torcidos—), ¿en el supuesto de que un historiador se fundamentara para coronar su trabajo de investigación en los diarios de papel y digitales de ahora y en los actuales diarios de sesiones del Congreso, no se armaría un lío morrocotudo, al advertir las diversas versiones, (acaso escasamente conciliables) sobre un mismo hecho? Otro (de tu amigo Otramotro). Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com