Un efecto colateral beneficioso
Publicado el 01/11/2018 a las 09:08
Se dice que es mejor cumplir años que la otra alternativa. Estoy de acuerdo. La frase nos distrae eficazmente de lo que se haya ido perdiendo para no volver, al ir sumando décadas. Pero no todo son pérdidas. Precisamente quiero destacar una aportación beneficiosa de la edad, que no es lo suficientemente apreciada ni siquiera por quienes podemos decir que ya somos mayores. Me refiero a que, como corredores de fondo, las vivencias y conocimientos acumulados nos conceden, al menos, el privilegio de equivocarnos con mucha más información pertinente que la de quienes están todavía al principio o a mitad del viaje.
Pongamos el foco, por ejemplo, en la aceptación inocente de relatos antiguos, modernos, contemporáneos o inventados que circulan a todas horas sobre lo que fuimos, somos, debemos ser o jamás seremos. Es innegable que tienen tirón entre muchos jóvenes y menos jóvenes. Se comprende porque son más ilusionantes y prometedores que la realidad pura y dura. Nosotros, en cambio, hemos ido aprendiendo a distinguir con mayor precisión los gatos de las liebres. Cortar y pegar errores ajenos o experiencias fracasadas en el pasado no es, o no debería ser, cosa nuestra.
Bienvenida sea, pues, esa particular lucidez que solo se logra con el tiempo. En lo que a mí respecta, me proporciona un distanciamiento muy satisfactorio hacia políticas o disciplinas encubridoras de objetivos que no comparto, y que se quieren adueñar, con todo descaro, del sentimiento colectivo de pertenencia. Hablando de pertenencia, y por restarle un ápice de gravedad al tema -que lo tiene-, me gustaría terminar parafraseando a Marx (Groucho), en términos actualizados de nuestra vapuleada lengua: “Yo nunca pertenecería a un partido que me admitiera a mí como ‘miembra”.