Libertad de expresión sin excepciones (2)
Actualizado el 30/10/2018 a las 13:48
(Sigue.) Quien acepta la democracia y dice amén al pluralismo político ¿puede inadmitir que el otro o los otros no puedan proferir sus ideas, sean estas las que sean, sin cortapisas, aunque sean distintas y aun opuestas a las que nosotros defendemos o sostenemos? ¿Acaso ellos, los otros, no tienen el mismo derecho que nosotros a acertar, a estar en lo cierto? ¿Acaso solo nosotros tenemos derecho a errar o podemos equivocarnos? He titulado este texto con el rótulo que porta, “Libertad de expresión sin excepciones”, sí, pero con ello no he querido decir que no haya que respetar las barreras o restricciones que la ley ha puesto a dicha libertad. Yo, lo reconozco sin ambages, antes, hace años, no era partidario de respetar las opiniones ajenas cuando estas constituyeran o contuvieran para mí claras o cristalinas sandeces, pero he llegado a la convicción personal de que conviene hacer tal cosa a la mayor brevedad posible, siempre y cuando, como contrapartida, claro, los demás toleren mis criterios, incluso en el supuesto de que estos resulten para ellos estúpidos, hipócritas o idiotas. Si quemar la bandera rojigualda o la foto del monarca y pitar el himno nacional, la “Marcha Real”, es libertad de expresión, debe serlo también quemar la estelada, borrarle o cortarle la cabeza a una foto de Torra y escribir debajo, verbigracia, “Torra sin tarro”; y, asimismo, abuchear “Els Segadors”. Ahora bien, ¿no nos estamos cargando los símbolos? Cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, actúa como si fuera una veleta, que cambia de criterio según de dónde venga el viento que la empuja, por ejemplo, retractándose ahora de lo que había dicho antes de residir en el Palacio de la Moncloa, que los políticos catalanes presos cometieron, presuntamente, delito de rebelión, ¿es coherente? ¿Por qué lo hace? ¿Son congruentes y consecuentes los diputados de Podemos, miembros del poder legislativo, cuando pretenden penalizar la apología de la dictadura, pero siguen hablando (Pablo Iglesias y muchos de los suyos) de “presos políticos y exiliados” para referirse a los líderes independentistas catalanes, políticos encarcelados (por orden de miembros del poder judicial), de manera preventiva, y huidos?