El mayor embuste

Mario Varela Pérez|

Actualizado el 29/10/2018 a las 14:54

El mayor embuste de todos los embustes resulta ser el súper cuento que nos vino embobando desde hace demasiado tiempo. Si uno no se encuentra con gestos de la vida que le hagan reflexionar, echar cuentas o simplemente algo que le haga sacar conclusiones, pues lo más fácil es dejarse llevar por lo que a uno le han inculcado sin más razón que la cosa ha sido siempre así, porque así nos lo han ido pasando generación tras generación, etc. etc. Pocas veces a lo largo de la historia el ser humano tuvo tanta necesidad de ser socorrido de tantos males acumulados en cada particular rincón del planeta, y ni por esas el llamado “salvador” se tomo la molestia de intervenir, y como nos lo han vendido de forma quizás racaneando un mínimo de mesura, sin darse cuenta de que tal ensalzamiento podía algún día volcarse en su contra, en los momentos de la verdad si no sale de algún lado un mínimo de acción y solución tangible, tanto a los magnos problemas que atañen a la sociedad como a los de que nos toca de forma más individual, la cosa da mucho pie a la desconfianza que por reincidente se repite en demasía, dejando el sistema con el culo al aire, para que los individuos podamos sacar la conclusión de que aquí estamos solos a merced de nuestra suerte. En dos palabras, estamos solos y sin más futuro que el que palpamos, nada ni nadie ha podido revocar hasta ahora semejante reflexión. Como consuelo puede que no esté tan mal saber que dependemos de nuestro sino y de las circunstancias que a cada uno envuelven, porque de no ser así los reproches por omisión serian la contante y nunca serian lo suficientes por haber permitido tanta injusticia sobre todo si uno le adjudicaba la posibilidad de intervenir desde su posición de omnipresente todo bondad y todopoderoso ¿ Como los resultados que se presumían no aparecen, falta el primero que se pueda constatar científicamente aunque sobran los apostantes que siguen con las alforjas llenas de esa teórica vara salvadora que dicen ser la fe. Creo que los gestores a estas alturas si quieren seguir confiando en que la historia sea creíble, deberían de replantearse el hecho de modificar el fondo del manido mensaje empezando por contar algo que no se tope constantemente con barreras infranqueables a su credibilidad.

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