Memoria interesada

Jesús M. Soto|

Publicado el 28/10/2018 a las 09:53

Una vez más, nuestro Ayuntamiento nos ha querido refrescar la memoria de un hecho no muy lejano como es la insumisión, como de costumbre dándole un sentido sui generis a su conveniencia y que se supone fue de máxima importancia para la ida de la ciudad de Pamplona. Esto hizo que también a mí se me despertara la memoria de apenas treinta últimos años de la vida de la ciudad. Desde la barandilla del jardín de la Taconera me puse a contemplar la maravillosa vista que se ofrece de los barrios de la Rochapea y San Jorge y me vino a la memoria cómo eran estos barrios hace escasamente un cuarto de siglo. Calles a medio asfaltar, iluminación prácticamente inexistente en algunos puntos y edificios que amenazaban ruina que se prestaban a toda clase de usos. Hoy estos barrios son un ejemplo de una ciudad del siglo en que vivimos, gracias al esfuerzo de nuestros Ayuntamientos que se implicaron a fondo en su puesta al día. Igualmente me ha ocurrido con nuestro Casco Antiguo y Ensanche. Recuerdo aquellas calles mal asfaltadas y vehículos aparcados en las mismas, con aceras que limitaban el movimiento de viandantes. Hoy lucen un cómodo empedrado, sin aceras, ni vehículos, aparcados convenientemente en el subsuelo, renovadas las canalizaciones de aguas y líneas de comunicación. No parece que estemos en el mismo lugar. Esto lo hicieron los anteriores Ayuntamientos que invirtieron en ello sus ganas de trabajar, sus meninges y nuestros impuestos. No estaba construido desde el tiempo de los romanos. Ni que decir tiene que estas obras se realizaron contra la voluntad de la entonces oposición apesar de que emplearan toda clase de artimañas para que no se construyeran los parkings, renovación de la Plaza del Castillo y otras obras tachadas de “faraónicas” de las que hoy podemos disfrutar y presumir los pamploneses y los que nos visitan. Afortunadamente tampoco pudieron acabar con Osasuna, a pesar de su falta de interés por sacarle del lío en que se encontró. Si algún día pensaran en hacer algo de provecho para la ciudad, que es de todos, ahí tienen la antigua estación de autobuses que lleva años esperando se haga un edificio digno del lugar privilegiado en que se encuentra, con la que se han hecho cosas para justificarse, pero con poco provecho y mucho dinero invertido. Qué decir de nuestras tradiciones; esto también es memoria e historia. Se las saltan a su antojo, interpretándolas a su libre albedrío, sin considerar los sentimientos del pueblo, de todo el pueblo. ¿O no sabían, cuando juraron o prometieron su cargo que estos actos entraba dentro de su cometido como ediles y era su obligación respetarlos? Claro, lógico que, si uno no es de Pamplona o no reside en la ciudad, es posible que no sienta como un PTV sus tradiciones y costumbres, pensando que no van con él. Las fotos se pueden hacer en otro lugar. Esperamos que antes de que terminen de destrozar nuestras calles, por cierto, llenas de petachos, vengan otros que quieran a Pamplona y sus tradiciones, todas, y trabajen de corazón por ella. Memoria, sí, para todo y para todos.

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