Y a pesar de todo, España y Navarra continúan

Jose Luis Díez Díaz|

Publicado el 18/09/2018 a las 08:03

“España el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”. Se trata de una frase de hace más de un siglo, en una entrevista atribuida al canciller alemán Otto Von Bismarck (1815-1898), artífice de la reunificación alemana que resulta muy de actualidad.


Sin embargo, el actual okupa de la Moncloa (gracias al apoyo de partidos que no creen o ponen en duda la realidad de España) con la forma -quizás inconsciente- de proceder de su gobierno está intentado con denuedo llevar la contraria al canciller alemán. Sus decretazos, propuestas, declaración de intenciones, el “diálogo” con el separatismo rozando o traspasando los límites constitucionales, los continuos anuncios y posteriores desmentidos (similar al baile de la yenka -década de los 60- izquierda, derecha, adelante y detrás….para quedarse en el mismo lugar lugar), aderezados con la fiebre exhumatoria y la vuelta a la memoria histórica con la ‘Comisión de la Verdad’ son indicios claros de su objetivo. Aunque sea en doce años, es decir, en 1930.


La historia es cíclica, se dice, e incluso la frase que abre la obra de Karl March “El 18 de brumario de Luis Bonaparte” lo ratifica. “La historia ocurre dos veces, la primera como una gran tragedia, y la segunda como una miserable farsa”. Ojalá, aunque miserable, todo sea una farsa, pues no parece suficiente la fractura social de Cataluña para lanzar cortinas de humo con ‘Comisiones de la Verdad’ y exhumaciones, volviendo a abrir heridas restañadas en el 78. Y, en todo caso, de hace 80 años, entre el resto de españoles no separatistas.

La normal convivencia en Cataluña está en riesgo ya que el abuso de poder de una presunta mayoría quiere convertirse en el derecho de la mayoría, y con la llamada al diálogo y las soluciones políticas no se puede jugar para mantener un apoyo en el Congreso español, precisamente de los que no quieren reconocerlo. Y qué decir de nuestra tierra, a la inversa: gobiernan los que claramente quieren diluir o disolver el viejo reino en otra entidad, apoyados por algunos que en principio defienden la Navarra foral, como lo certifican cada día las dos instituciones más relevantes en lo que a número de ciudadanos se refiere.

A base de falsas interpretaciones de principios democráticos, estamos al borde del precipicio. Pero espero y deseo que en la próxima cita en las urnas, en Navarra y en resto de España, el sentido común y la racionalidad sea lo habitual. Y las reglas de juego (sin trampas, manipulaciones e imposiciones) se respeten en aras a una cívica convivencia.

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