Machistas y cisgéneros
Publicado el 12/09/2018 a las 08:44
Me ha encantado el artículo de Jose Murugarren en este Diario aparecido el 9 del presente mes con el mismo título que esta carta. Por consiguiente, estoy de acuerdo con él en la absurdez total de mencionar los dos géneros cuando nos referimos en plural a los mismos.
La fachada de mi casa da a una plaza llena de columpios donde se divierten decenas de niños. No se me ocurriría comentar a nadie: “Mi plaza está siempre llena de niños y niñas, y bebés y bebás que los miran felices desde sus silletas”. ¿O es que esas criaturas cuando sólo tienen meses no se merecen ser distinguidas con los dos géneros, como he mencionado antes, y solo cuando ya empiezan a caminar se merecen la distinción clara de su género? Por supuesto...
Es que a partir de ahí los que andan jugando a sus anchas no son los nuevos niños, ¡ojo! Son ya los nuevos niños y las nuevas niñas. Aunque aun existe una estupidez mayor: utilizar, supongo que para ahorrar tiempo y espacio, la arroba. Cualquier día, cualquier mueble de nuestras casas se va a sublevar por boca de sus dueñas, por denominar en femenino la silla y en masculino el sillón, por ser el mismo más importante...
Yo que voy camino de los 80 no lo llegaré a conocer, o eso creo. Pero nuestro hijos (perdón), nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nuestras nietas llegarán a ver en este sentido, no lo duden, lo nunca visto... Se quedará corto aquello de “miembros y miembras”, ¿recuerdan? Y en todo esto estoy segura que tienen la culpa las mujeres. Mejor dicho, algunas mujeres que les ha dado por sentirse orgullosas de proclamarse feministas. Y yo pienso, en mi modesta opinión, que muchas de ellas entienden esa expresión de forma distinta de su verdadero sentido. Considerarse con los mismos derechos que el hombre en todos los aspectos significa ser feminista. Esa tontería de considerar una parte de la gramática como cierta forma de machismo es confundir churras con merinas.
Dejemos de rizar el rizo porque, de seguir así, cada escrito que leamos, sea en forma de carta, columna, artículo, libro, resultará un galimatías. Estarán más llenos de “las señoras y los señores” y de la madre que “los y las” parió, etc, que de contenido. Yo que leo bastante aun no me he encontrado con esa redundancia en los libros aunque sí en otros escritos.
Les aseguro que me distraen del tema una barbaridad. Ojalá nos entre la cordura y los buenos articulistas como el mencionado y otros muchos sigan como en sus comienzos.