El dinosaurio

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 07/09/2018 a las 08:23

Un famoso “cuento breve” de Monterroso dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Si una encuesta preguntase si esa frase merece ser llamada “cuento” y además ser considerada genial, la respuesta del sentido común sería seguramente negativa. Tendría quizás parte de razón. No toda porque hay algo de genial en ese “minicuento”, y es lo que tiene en común con “La Metamorfosis” de Kafka (“Cuando una mañana se despertó, Gregorio Samsa se encontró en su cama transformado ...”) o con el genial drama ”Rinoceronte” de Ionesco. En éste, la situación agobiante o desesperante (los rinocerontes) no aparece cuando alguien despierta, pero sí de improviso: como en el cuento de Monterroso, inesperadamente los rinocerontes estaban allí.

El dinosaurio (y los rinocerontes y el Gregorio Samsa metamorfoseado) y ese despertar que se lo vuelve a encontrar pueden ser metáfora de muchas situaciones negativas que pueden ocurrirnos en la vida: una enfermedad, una discapacidad, una desgracia, un accidente, una situación que nos angustia y nos agobia y nos hace sufrir. Como dice Monterroso, a veces ocurre que estamos instalados en el mundo feliz del sueño y al despertar nos encontramos con que el dinosaurio que nos hace sufrir y nos angustia y que no existía en el sueño sigue ahí, para nuestra desgracia, en el mundo real. El dinosaurio puede ser también una situación política que nos oprime, nos agobia, nos hace sufrir. Por ejemplo una dictadura como la de Venezuela, la de Nicaragua, la de Cuba o la que habría en España si Podemos, más Bildu, más la CUP, etc, llegasen al poder. Si miramos a Cataluña, ¿cómo no aplicar la metáfora del cuento de Monterroso a esa situación? Durante cuarenta años al despertarnos estaba allí el dinosaurio, el nacionalismo en el poder, y no le hemos prestado la atención que merecía y le hemos dejado crecer, engordar, fortalecerse, imponer su cada vez mayor fuerza, su ley selvática. Y ahora nos encontramos con que el dinosaurio es cada día más feroz, más represor, más peligroso, más agobiante, más dinosaurio, y ya no es posible domesticarlo, amansarlo ni siquiera para malconvivir con él. Pedro Sánchez, el aliado del dinosaurio, intenta contentarlo, engatusarlo, alimentarlo con lo que gusta a ese tipo de dinosaurios -más poder-, pero parece que el dinosaurio catalán ya no es que quiera más, es que quiere todo el poder. Mientras tanto, el dinosaurio abertzale en Euskadi simula dormir.

Si lo de Cataluña se parece bastante al dinosaurio de la pesadilla, ¿qué tendremos que pensar de Navarra? Aquí tenemos un dinosaurio más joven que el catalán, hijo de Bildu y de Geroa Bai, al que sus cuidadores Podemos e Izquierda Unida llevan cuatro años alimentando con su manjar favorito, el poder de la Presidencia del Gobierno; y que apunta maneras muy de dinosaurio: imponiéndonos el euskera como primer idioma, haciendo funcionarios a quienes saben euskera, perjudicando y marginando a quienes no lo saben, regalando dinero público a medios afines, licencia de televisión a ETB, intentando eliminar la zonificación lingüística, apoyando okupas, manipulando a las víctimas de ETA, etc, etc. Si el dinosaurio foral sigue otros cuatro años alimentándose del poder gubernamental será más fuerte, más sectario, más opresor y omnipresente, más agobiante, y Navarra se parecerá más a Cataluña. La esperanza está en el arma antidinosaurios que la democracia pone en nuestras manos, el voto.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora