Euskera y postverdad... continuación

Pablo Uriz Urzainqui|

Publicado el 26/07/2018 a las 08:21

El 15 de junio se publicaba aquí una carta mía en la que me refería a los murales que se habían pintado en cinco localidades del norte de Navarra, entre ellas Burgui, Valle de Roncal, en los que se reivindicaba que nuestro Pirineo sigue vivo.


Yo, como roncalés, mostraba mi apoyo incondicional a este grito de supervivencia y, como conocedor de sus usos lingüistas, manifestaba mi extrañeza de que el texto que incluía el mural de Burgui estuviese escrito exclusivamente en euskera, pues esa lengua no es, ni por aproximación, la mayoritaria del Valle (lo es el castellano); así mismo protestaba por la incoherencia de quienes han dirigido el proyecto de Burgui y que supone la exclusión del castellano y la subsiguiente manipulación que estos responsables hacen de la información subliminal -“aquí solo se habla vascuence”- que reciben los visitantes de Roncal que, en general, desconocen la realidad lingüística de la zona.


Solicitaba a estos responsables que demostrasen que yo estaba equivocado, en cuyo caso me disculparía gustosamente, pero, si yo tenía razón, les exigía que rectificasen la hipocresía de la leyenda del mural. En el final de mi carta animaba a visitar esa porción de paraíso.


Atendiendo a mi propio consejo, volví a Roncal hace unos días y… el texto que acompaña al mural sigue igual que el día que fue escrito. ¡Ni han cambiado nada ni han respondido a mi petición de que, en justicia estricta, lo rectificasen! ¿Por qué callan?


Posibles respuestas: a) son fans incondicionales de la canción del año 1969 “La vida sigue igual” de Julio Iglesias; b) no han leído mi escrito y no conocen mi exhortación -¡ojalá fuera esto!-; c) no lo han leído pero se lo han contado, cosa muy probable porque allí nos conocemos y comadreamos todos-; d) se empecinan en el mantenimiento de esta falacia - RAE: “engaño o mentira que se esconde bajo algo, en especial cuando se pone de manifiesto su falta de verdad”- que es lo que, sin duda, yo me barrunto que se oculta detrás de su silencio.


Casos simples como este nos dan la exacta medida de cómo el sectarismo nacionalista/identitario usa cualquier asunto, por baladí que parezca, para manipular al entorno y conseguir que se vea lo anormal como normal, lo artificial como natural y lo ajeno como propio. Afirmo que, respecto a Roncal, el euskera batua es ajeno y artificial, no así al extinto euskera del Valle.


Es muy incómodo denunciar cosas semejantes y referentes a personas que conoces de toda la vida, pero es mucho más incómodo ver como unos cuantos se chulean de la apatía de sus paisanos.


Por eso hay que denunciarlo. Nuestra tendencia natural es señalar a los responsables y disculpar a sus acólitos, pero no nos engañemos, ¿por qué la multitud adopta ese seguidismo pasivo? ¡Ah, la comodidad, qué molesto es plantar cara! Finalmente vuelvo a reclamar una explicación coherente del por qué ese mural está escrito exclusivamente en vascuence.

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