La mentira de ETA
Publicado el 23/07/2018 a las 08:18
Hace algunas semanas la banda terrorista ETA escenificaba la enésima mentira declarando públicamente que se disuelve. Que ya no existe. Como si medio siglo de terror se pudiera disolver como un azucarillo en la leche. Un hecho además que se sitúa muy lejos de la realidad. La banda terrorista sí ha dejado de asesinar, pero continúa su diseño del terror que ha traspasado a sus altavoces seudo-políticos como Sortu. Este tentáculo de la banda convocó una concentración en la localidad guipuzcoana de Oñate, frente al cuartel de la Guardia Civil, para exigir la marcha del cuerpo policial del territorio vasco. Una meta que ETA se propone alcanzar.
Es la demostración clara y rotunda de que el espíritu de la banda asesina sigue vivo. Los terroristas de ETA, a través de Sortu, continúan su actividad para la obtención de sus objetivos y máxime en estos momentos en los que el PSOE gobierna en España. Un PSOE que ya en 2004 rompió el pacto por “Las libertades y contra el terrorismo”, que habían acordado PP y PSOE cuando Aznar era inquilino de la Moncloa. Un capítulo que ETA lo tiene en su “cuaderno de notas” y recurre a él para volver a reeditar su diseño terrorista-separatista. Sabe que PSOE tiene una debilidad, semejante al pecado original, con el nacionalismo excluyente y actúa en consecuencia. La convocatoria de Sortu es un insulto no solo a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado si no a las víctimas del terrorismo y en especial a las de la Guardia Civil. Un grupo que exhibe su desfachatez y su odio hacia los defensores de la libertad y la democracia de este país solo merecen el mayor desprecio de toda una sociedad que ha sufrido el azote del terrorismo de ETA durante medio siglo. Un grupo heredero de los objetivos de ETA debería ser apartado de la democracia. Si algo de dignidad les queda a nuestros representantes políticos y al poder judicial, más pronto que tarde deberían colocar a todos aquellos que se alineen con las tesis de ETA, con arreglo a las leyes, al otro lado de la legalidad. El país se lo debe a los “caídos” de la democracia. A las 865 víctimas mortales a las que ETA les segó la vida.