Agur Asiron
Actualizado el 21/07/2018 a las 09:04
Así rezaba la pancarta con la que la plaza de toros recibió al alcalde el día 7. Ocasión propicia para hacer un balance sanferminero del bildutarra. Empecemos, cómo no, por la ikurriña. Decía Asiron que siempre ha estado presente en el Chupinazo “de una manera u otra”. No, alcalde, no. Siempre con violencia. La que emplea la manada que cada año irrumpe a golpes minutos antes del cohete en la plaza Consistorial. La que ejercían los concejales de HB en el balcón. La que sin ir más lejos él mismo ha exhibido al izarla violentando la ley. La misma que sigue reuniendo en la calle Curia a los más nostálgicos de la kale borroka. Aquella con la que los de tu cuerda reventaron el Riau Riau... La que está en el ADN abertzale.
Este año un mástil vacío pretendía recordar las identidades proscritas. No. Ese mástil simboliza más bien el triunfo, como en toda democracia, de la justicia frente a la ilegalidad, la desviación de poder y el fraude de ley por los que fuiste repetidamente condenado. Puestos a hacer gestos, yo colocaría una silla vacía a la espera del primer concejal abertzale que tenga el valor de condenar a ETA.
Pero no termina ahí el divorcio de Joseba con la fiesta. El 7 de julio, quien prometió ser alcalde de todos y todas, educado en la fe, abandona a San Fermín en la tradicional misa que Pamplona celebra en su honor. Por la tarde, en cambio, ese mismo alcalde, que simpatiza con el movimiento animalista, no vacila en presidir la corrida, por tradición. Cuesta entender al personaje.
No contento con lo anterior, nuestro alcalde se descuelga este año imaginando unos Sanfermines sin corridas. Pues sin ellas, que nadie se engañe, tampoco habrá encierros. Ni financiación para la Meca. Se precipita Asiron. Por cada animalista que se manifiesta el día 5 hay mil aficionados que acuden a disfrutar de los festejos taurinos. A Padilla pongo por testigo. Espero, además, que equivoque su pronóstico porque con un Chupinazo politizado, sin Riau Riau, con el Santo ninguneado, sin corridas ni encierros, esto no se sostiene. Ni con Caravinagre haciendo horas extras. Creo sinceramente que el alcalde de sol, cualquiera de los “guiris del año” o la Peña Borussia de Alemania cuidarían de la fiesta más que nuestros propios munícipes.
Sanfermines es tiempo de explosión festiva. De compartir momenticos llenos de emoción. De aparcar las tensiones políticas que bastante nos enfrentan el resto del año. De disfrutar en paz y armonía. Algo que los abertzales no han entendido nunca. Son profesionales de la crispación. Fieles a su lema “Jaiak bai, borroka ere bai”, se prevalen de las fiestas para publicitar sus apolilladas reivindicaciones. Y es que unas imágenes que dan la vuelta al mundo son demasiado golosas como para no adulterarlas colando su cansina propaganda. Si quieren hacerse una idea de lo que ganarían estos días sin los aguafiestas aberchándales, bajen a Tudela por Santa Ana. Una gozada.
Claro que no hay mal que cien años dure y Asiron toca a su fin. Un alcalde de Pamplona que prefiere homenajear a su estómago antes que a San Fermín no merece repetir en el cargo. No se trata de integrismo religioso. Se llama saber estar. A quien le suceda me permito darle un consejo: que interiorice que representa al conjunto de la ciudad, lo cual le obliga a observar un comportamiento ejemplar. Y a velar por preservar y mejorar estas fiestas sin igual. Quien venga contará, eso sí, con una ventaja. No le resultará complicado hacerlo mejor que su antecesor.